Dios el diablo y la aventura

Título: Dios el diablo y la aventura

Autor: Javier reverte

Lugar y año de edición: Barcelona, 2001

Editorial: Plaza y Janés Ediciones

Ganas de aventuras, ansias de vivir, de explorar lo no conocido, de soltar cabos y dejarse ir. Muchos protagonistas de canciones, películas, cuentos, comics de ficción responden a estas características. Pero muchos otros, los menos famosos quizás, existieron realmente ( Marco Polo, Lord Delamere, Sir Shackleton…)  y a ellos debemos muchos de los conocimientos con los que actualmente contamos.

El personaje sobre el que se centra este libro es un madrileño del siglo XV llamado Pedro Páez.  Javier Reverte hace suyo el inicio del Quijote para definir sus rasgos más definitorios: “Rematado ya su juicio, vino a dar con el más extraño pensamiento que jamás dio loco alguno en el mundo, y fue que le pareció concebible y necesario, así como para el aumento de su vida espiritual como para el servicio de su Dios, hacerse sacerdote y peregrino , e irse por todo el mundo con su cruz y su breviario a buscar aventuras como misionero y ejercitarse en todo aquello que él había leído que los santos se ejercitaban, y poniéndose en ocasiones en peligros donde, acabándolos, cobrase poder y santidad”. El autor nos presenta con estas palabras la personalidad de este sacerdote, más próxima a la de los exploradores y aventureros que llenan la cartelera de nuestros cines, que a lo que actualmente conocemos como un sacerdote. Esa ansia de explorar lo no conocido, de correr aventuras  fue lo que lo llevó a introducirse en la Compañía de Jesús y acceder a viajar hasta Etiopia con permiso del rey  Felipe II de España y I de Portugal,  con el fin de evangelizar  y a estudiar la entonces colonia portuguesa y su gente.

El libro nos muestra la evolución de la historia de la colonia portuguesa (posteriormente castellano-portuguesa), desde que Pedro Páez llega a la India en el año 1603 con el objetivo de entrar en el país hasta su muerte en el año 1622 y una desarrollada explicación de los problemas que acosaban al país etíope en aquellos años: el avance turco, los gallas (rebeldes locales), problemas políticos, sublevaciones… Desde su llegada a la India no se topó más que con que problemas para acceder a su destino, incluso fue secuestrado por los turcos durante 7 años en los que atravesó el desierto de Rub-al-Khali, al norte la península arábiga, sufriendo un sinfín de torturas y convirtiéndose en el primer europeo en recorrer esa peligrosa zona.

Pedro Páez contaba con algunas virtudes que le habían dado sus años de recluso y sus años de preparación como jesuita, entre las que se encontraban la paciencia, alto poder de convicción,  un gran encanto natural y el saber hacer. Sin prisa, de forma cautelosa y humilde, el jesuita atraía el favor del poder real para luego poder convencer. Era un soldado de Dios, entrenado tan sólo con las armas de la dialéctica y la diplomacia. Su método se basaba en la oratoria, aplicando la lógica y haciendo preguntas a sus pupilos para que ellos mismos contestasen a sus propias cuestiones.  Gracias a esta metodología pronto se hizo conocido por la zona e incluso Za Dengel, el emperador vigente quiso conocerlo y acabó abrazando la fe de Roma. Sin embargo, el emperador lo hizo de forma vertiginosa, imponiendo bruscos cambios que provocaron que su propio pueblo y gran parte de la nobleza se sublevase contra él.  Accedió al mando un nuevo emperador, Susenios, con quien otra vez entabló amistad nuestro protagonista e hizo también que se acercase a la religión cristiana. Durante todos estos años el jesuita ejerció de mediador entre el emperador, por un lado, y el papa y el rey de España y Portugal, por otro. Pedro Páez murió en el año 1622 a los 58 años, después de que el emperador Susenios le anunciase su total conversión al catolicismo y dando por conseguido su objetivo.

Con toda su vivencia, Pedro Páez escribió Historia de Etiopía, una obra  a la que acude asiduamente Javier reverte en este libro y que recoge una elaborado trabajo de documentación y explicación de la sociedad, historia, religión, vegetación y fauna del país etíope y que aún hoy en día es conmemorada por su gran relevancia científica. Todo ello expuesto en un tono muy parecido al periodístico, donde Pedro Páez actúa como un observador y describe lo que ve con sus propios ojos o acudiendo a fuentes fidedignas sin mezclar opinión con información y defendiendo en todo momento la verdad.

La Compañía de Jesús y sus métodos:

Es una orden religosa de la Iglesia Católica fundada en 1534 por San Ignacio de Loyola, junto con San Francisco Javier Beato Pedro Fabro, Diego Laynez, Alfonso Salmerón, Nicolás de Bobadilla y Simón Rodrigues, en la colina de Montmartre en París y aprobada en 1540 por el Papa Pablo III. Sus miembros son popularmente conocidos como jesuitas y se extienden actualmente por 127 países en los que buscan la expansión de la evangelización, la defensa de la fe romana y la promoción de la justicia.

Muchos autores han estudiado y reflexionado a cerca de la moral de esta orden religosa. Pérez de Ayala ejemplificó en su novela A.M.D.G. ( Ad Mariorem Dei Gloriam ) una de las fórmulas de actuar de estos sacerdotes y es que su protagonista, que se había ganado la confianza de una rica viuda a la atiende en los últimos días de su vida, regresa a la casa jesuita y sus compañeros le preguntan qué tal le ha ido, a lo que él responde que la viuda ha muerto y que el testamento es de 6  millones de reales, tras lo que se abrazan todos.

Su historia está plagada de adulterios, asesinatos, regicidios, envenenamientos y demás crímenes. Contaban con su propia estrategia para acceder al poder: mantener la flexibilidad ante las tradiciones locales, ganarse el favor del príncipe, de sus cortesanos y de la gente rica. Convencer por persuasión y no por la fuerza.

La Compañía nación con una extraña ambigüedad. Por un lado una obediencia ciega al Papa sobre cualquier otro tipo de poder terrenal. Por otro lado, dada su pasión por el estudio y la enseñanza, se convirtieron en el núcleo más progresista dentro de la Iglesia.  Esta dualidad llevaría a que el término jesuita cuente con una acepción como “hipócrita” en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Considerados “Buitres negros” en Francia, fueron expulsados en muchos países e incluso fueron disueltos por el papa Clemente XIV en 1773. Sin embargo, fue su carácter misionero, que los llevaba a viajar por todo el mundo, lo que movió a Pedro Páez, protagonista de la novela que comentamos, a ingresar en esta orden y vivir la aventura.

Javier Millos Castro

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