El mundo de hoy

Libro: El mundo de hoy

Autor: Ryszard Kapuscinski (traducción de Agata Orzeszek)

Lugar y año de edición: Barcelona, 2005

Editorial: Anagrama

El mundo de hoy, es unas obra compuesta por fragmentos de libros que proceden, tanto de los editados en español como en polaco, de conferencias, entrevistas y citas de otros libros o hechos citados por Riszard Kapuscinski.

Si algo me llamó la atención antes de comenzar a leer la obra, fue su portada, en blanco y negro. Un hombre de espaldas, que sube unas escaleras, dando la espalda al objetivo de la cámara. Un símil con el distanciamiento de la realidad conocida y el descubrimiento de un nuevo mundo, no conocido por el lector. Es un desafío o a la lectura del libro, a encontrar una verdad diferente. Y así me introduzco en la lectura del libro.

229 páginas compuestas de experiencias y vivencias personales, que podríamos resumir en una gran frase del autor : “Cuando un acontecimiento me fascina, siento el deseo, instintivo e irrefrenable de verlo con mis propios ojos y de participar en él. Pero cuando estoy metido dentro de un acontecimiento no escribo sobre el mismo porque no se tomar la distancia necesaria”.

Y esto es lo que transmite a lo largo de todo el libro, en un recorrido autobiográfico de Kapuscinski que nos desnuda “otra” realidad del mundo contemporáneo. La obra está articulada en tres partes: -Mirando hacia atrás (sin ira)-, es la primera de ellas, en la que ofrece un viaje sentimental al pasado del escritor: una infancia vivida en Polonia, en medio de la Segunda Guerra Mundial, y la época de corresponsal para la Agencia de Prensa Polaca, que comenzó en el año 1959 y finalizó en 1981. El autor crea un lazo muy fuerte entre las situaciones que vivió en la dura guerra europea y las que vive como reportero de guerra, desvelando sus sentimientos más íntimos en diversos fragmentos de la obra: “El reportaje de guerra exige un enorme grado de implicación personal. El reportero tiene que hallarse en el centro de la misma y exponerse a todas las consecuencias”.

En -Periodismo y Literatura-, descubre los entresijos del oficio de reportero y escritor, aunque Kapuscinski se define como un intérprete de culturas. Entabla relaciones de diálogo entre habitantes de los lugares más recónditos y un periodista que, recordemos, es una persona de la que siempre se desconfía. Sin embargo, él hace de la profesión periodística una profesión cercana a las penurias del ser humano. “No hago diferencia entre periodista, escritor y reportero. En mi caso las tres cosas se funden en una sola”.

Y la tercera parte – “El mundo de hoy”-, constituye una reflexión histórica-sociológica y filosófica en torno a las grandezas y las miserias del mundo contemporáneo. Kapuscinski, como periodista-comprometido, presenta el mundo como el gran desconocido en el que el paisaje político no para de cambiar, por lo que escribir sobre los acontecimientos contemporáneos resulta poco duradero, sólido, firme y seguro.

Las últimas 50 páginas nos acercan a lugares que descubren el interés y admiración del autor por las regiones en vías de desarrollo: la descolonización de regiones africanas como Madagascar, Angola y Liberia; la campaña boliviana llevada a cabo por el Che Guevara y la posterior miseria que se ha adueñado de América Latina; el proceso de unificación de Europa tras el envejecimiento al que se vió sometido en la Segunda Guerra Mundial; y la diversidad de pueblos que forman el islam, religión de lucha, sacudida por batallas y desacuerdos internos.

Cierra el libro un simulacro de Juicio al siglo XXI y un epílogo sobre el 11 M, atentado en Madrid en 2004. La reflexión del autor se basa en la no aceptación de la cultura islámica en los países de Occidente y la venganza que muestran los islámicos debido al juego que se traen estos países con su cultura.

Le debemos mucho a Riszard Kapuscinski, porque gracias a su trabajo descubrimos este pensamiento xenófobo generalizado, que si no frenamos, constituirá “la guerra moderna” que se cebará contra personas indefensas. Somos nosotros, las grandes potencias, las creadoras de este malestar social que se está apoderando del mundo. Y es aquí, donde entramos los nosotros, los nuevos periodistas, los que debemos intentar cambiar esta imagen de un mundo caótico y completamente desligado de la realidad, difundiendo nuevos valores sociales, que avancen en común y nos fortalezcan como una única comunidad.

Elena Veres

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