El arte de morir

 

 

Título: El arte de morir

Autor: Émile Zola

Editorial: el olivo azul

Año de edición: 2009

Lugar de edición: Córdoba

 

El arte de morir recoge cuatro nouvelles(relatos largos o novelas cortas)articulados en torno a la idea de la muerte, sea ésta abordada como idea, como necesidad o, simplemente, como hecho. Excepto el epílogo, el último relato, que pone el tono humorístico a esta libros.

Estas novelas fueron escritas en la década de 1880.

Émile Zola es considerado el padre del naturalismo, corriente literaria cuya máxima consiste en reproducir la realidad con objetividad casi documental, tanto en sus aspectos más excelsos como en los más vulgares. Algunos de los títulos más conocidos son ‘Nana’, ‘Germinal’ y ‘La bestia humana’. En “El arte de morir” todos los relatos son de una línea argumental muy sencilla, y lo que en realidad cabe destacar de ellos es precisamente el naturalismo:

Eran como ellos, pescadores de camarones, con una silueta de una finura increíble, pequeños como hormigas , ridículas miniaturas en la inmensidad, pero cuyas más mínimos perfiles podían distinguirse claramente, como la línea curvada de la espalda cuando lanzaban sus redes o los brazos tendidos  y gesticulantes, parecidos a febriles patas de moscas, cuando trillaban su pesca […]

 

Los cuatro relatos son muy diferentes entre sí, por el modo en que se aborda el tema de la muerte en cada uno de ellos. En El capitán Burle (1882) se narra un duelo entre dos viejos amigos de milicia, un mujeriego y un jugador, para defender el honor del ejército.

Una autopsia social está dividido en cinco historias, en las que descubrimos cómo afrontan la muerte las distintas clases sociales. Con frialdad,como la condesa de Verteuil, que afronta con indiferencia la pérdida de su esposo; la disputa por la herencia entre los hijos de Madame Guérard, y su preocupación por el destino de sus bienes. La familia Rousseau, comerciantes que no se pueden permitir descuidar su negocio, hasta que finalmente la tisis puede con la mujer. Los Morisseau, familia pobre que cuando su hijo enferma ya asumen que fallecerá, pues no tienen nada que llevarse a la boca. Y por último, Jean-Louis Lacour, un campesino que prefiere la muerte en soledad a que su familia desperdicie un día de cosecha.

La muerte de Olivier Bécaille (1884) es el relato más profundo de todos, con un matiz totalmente existencialista:

Morí un sábado a las seis de la mañana, tras tres días de enfermedad.

(…)

¿Era esto pues la muerte, este singular estado de torpeza, la inmovilidad de la carne mientras la inteligencia seguía activa? ¿Acaso mi alma estaba demorando en mi cabeza antes de echarse a volar?

 

El cuento es narrado por el fallecido que asiste a su propia muerte, a la desesperación de su esposa, y a todos los preparativos de su velatorio y posterior entierro. Todo esto acompañado por las reflexiones de Olivier respecto a la muerte, antes y durante lo acontecido.

No podía imaginarme la desaparición de mi ser, la supresión total de lo que era y para siempre, por los siglos de los siglos, sin que jamás pudiera volver[…]

En el fondo había hecho bien en morirme, no iba a cometer ahora la insensatez de resucitar.

 

En Las caracolas de MonsierChabre, la muerte no está presente como tema central. Supone un contrapunto cómico a los relatos anteriores a través de los diferentes deseos que anhelan los dos miembros del matrimonio Chabre: él, un cuarentón obsesionado con la paternidad al que recomiendan una dieta estricta de caracolas para potenciar la fertilidad; ella, una linda jovencita para la que complacer a su marido no figura entre sus planes inmediatos.

En todos los relatos se aprecia una sabia combinación entre humor y dramatismo,  empleados como instrumentos de “fotografía moral”. Zola nos describe la muerte y todo lo que la envuelve con minuciosidad, tanto la corrupción de la carne como del espíritu; no presenta la muerte de un modo tétrico ni trágico, sino como una realidad que forma parte de nuestra existencia y sobre la que deberíamos reflexionar.

J’accuse

Zola como periodista, ha destacado con su artículo J’accuse, publicado en 1898 en el periódico L’Aurore. En él denunciaba la hipocresía de las autoridades y de la sociedad francesa en general por su actuación en el juicio al capitán de origen judío Alfred Dreyfus. La publicación de este texto no sólo le propinó serias amenazas, sino que finalmente fue juzgado y condenado al exilio. Un caso que revolucionó a la Europa de finales del siglo XIX y que pasó a la historia por lo que conllevó política y estratégicamente.

 

Sara Alonso Moreda

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