El país de los muertos vivientes

Título: El periodismo canalla y otros artículos

Autor:: Wolfe, Tom.

Lugar de edición: Madrid, España.

Año de edición: 2002

Editorial: Punto de lectura

Tom Wolfe es un periodista y escritor estadounidense nacido en el año 1930, en Richmond. Su trabajo como periodista comenzó a finales de los años 50. La fama de Wolfe ha ido creciendo con el paso del tiempo gracias a sus grandes trabajos en publicaciones como “The Washinton Post”, “Esquire” y “New York Herald”. En los años 60 fue uno de los impulsores del nuevo periodismo, que mezcla técnicas literarias con no ficción.

Tom Wolfe es conocido como “el hombre de blanco” debido a su peculiar y repetida vestimenta del nombrado color. A lo largo de este libro repasa numerosos temas, todos ellos relacionados con Estados Unidos. Una de las premisas de Wolfe es que el escritor no debe demostrar ningún tipo de sentimiento, aparte de indiferencia, ante las críticas que los propios libros puedan recibir. Una de sus obras más famosas ha sido Todo un hombre, la cual tardó once años en escribir. Las críticas al libro no tardaron en hacer aparición. Uno de los críticos fue Norman Mailer, su archienemigo, el cual expuso que Wolfe no era un novelista, sino un “periodista que ya no está entre nosotros, si es que alguna vez lo estuvo, y ahora vive en el reino de King Kong, en el de los mega best-sellers”. Tom Wolfe es cortante con sus críticos: ¿de dónde sacan fuerzas personajes de ese calibre, de su misma edad, a los que califica de vejestorios, para escribir esas críticas contra él? Incluso en una entrevista concedida, nuestro escritor expone que a menudo es comparado con Dickens, lo que enoja a personajes como Irving. Wolfe centra su odio en este último personaje, el cual escribió Un hijo del circo, una novela ambientada en India. El prefacio de dicho libro exponía: “Ésta no es una novela sobre India. No conozco la India. Sólo estuve allí una vez, y durante menos de un mes”. ¿Cómo es esto posible? Wolfe apuesta por el método de su maestro Emile Zola, principalmente visible en la obra Las uvas de la ira, el cual exponía que se debía abandonar el gabinete, salir al mundo e informarse sobre la sociedad para atraer la atención del lector. Es decir, todas las novelas debían estar basadas en hechos reales y, además, contrastados. Además de esto, Wolfe compara la literatura, las novelas, con el cine, las películas. En la actualidad, y con el desarrollo de las tecnologías, son muchos los que han marginado a la novela en favor del cine. Ahora son los directores de cine los que se sumergen en la realidad, los que adoptan el papel de reportero para conseguir una película narrativa naturalista, real. Pero existe una diferencia clara entre las novelas y el cine: las películas nunca conseguirán que el espectador se meta en la mente del personaje. En palabras de Tom Wolfe: “La novela [estadounidense] se muere, y no de obsolescencia, sino de anorexia. Necesita alimento. Necesita novelistas con un apetito voraz y una sed insaciable [de Estados Unidos]”.

En el presente libro, nuestro escritor realiza un viaje a los años sesenta, en el cual existieron numerosas guerras entre periódicos en Nueva York. Una de las principales revistas era el New Yorker, una revista semanal. Tom Wolfe trabajaba en aquella época en la competencia, en el suplemento dominical New York. Wolfe presenta una clara crítica hacia la revista New Yorker, la revista femenina de mayor éxito, la cual estaba dirigida en esos años por Shawn, un director que permanece constantemente en el anonimato, un claro conservador y taxidermista. El fundador de la revista fue Harold Ross, en el año 1925, un hombre malhumorado, explosivo e ingenuo. La misión de Shawn era conservar la revista tal y como la dejó Ross por los siglos de los siglos. En el New Yorker todas las personas trabajan sin descanso en pequeños cubículos, rebotando unos contra otros en las instalaciones. La actitud de los trabajadores es importante, la cual debía ser humilde, así como el físico del personal, que cuenta con personas pequeñas con indumentarias serias y discretas. El estilo de todos los artículos que se publican es muy característico, además de verse envuelto en un gran trabajo en cadena. Las frases están plagadas de datos, de pronombres relativos, aposiciones, aclaraciones, coletillas… El nivel literario es, además, sorprendentemente bajo, a pesar de que el sueldo de los trabajadores es excesivo y que la revista goza de cierto prestigio. En aquella época se estaba viendo superada por la revista mensual Esquire, en la que Tom Wolfe trabajó una época. New Yorker goza de tanto prestigio que, incluso, el departamento de publicidad están en condiciones de rechazar cualquier anuncio. Es significativo el dato de que sólo en la primera parte de la entrevista se coloca material periodístico. El resto está plagado de publicidad. Wolfe califica a los trabajadores de la revista, al propio New Yorker, como “pequeñas momias” y “el país de los muertos vivientes”. Por tanto, la actitud crítica del escritor estadounidense es clara.

Estados Unidos es, ahora mismo, la primera potencia mundial. Lo era también en el momento en el que Tom Wolfe escribió este peculiar libro de críticas. Todo lo relacionado con Europa es sinónimo de despreciable, es considerado primitivo, obsoleto. La sociedad estadounidense ha cambiado mucho a lo largo de los años. Uno de los grandes cambios se ha dado respecto a los temas sexuales. Los periódicos realizan día tras día completos despliegues de carne humana. La palabra pornografía está constantemente en la boca de todos los ciudadanos. Wolfe expone, a su vez, que ningún placer que ofrece una esposa es comparable al trabajo manual del hombre por la noche. Incluso los modelos de matrimonios perfectos han cambiado considerablemente. Es significativo el hecho de que la palabra virgen se convierte actualmente en un insulto, así como la palabra cita es anticuada. Las personas maduras desean por todos los medios parecer jóvenes y llenan sus cuerpos de piercings, de tatuajes, visten con ropa juvenil y desenfadada… Wolfe describe la vida de un trabajador cualquier en el año 2000 de la siguiente manera: un técnico (o un hombre que desempeñe cualquier tipo de profesión) se sienta a ver su serie favorita, a jugar con un videojuego, en compañía de sus hijos, de internet, organizando un viaje y finalmente se queda dormido. Ésa es la vida del día a día en la actualidad, completamente opuesta a los años pasados.

Wolfe desarrolla a lo largo de El periodismo canalla y otros artículos la vida de personajes ilustres como Robert Noyce, un adolescente algo rebelde que triunfa y se convierte en cofundador de la empresa Intel, además de acabar por imponer un peculiar sistema de trabajo basado en la cooperación, la falta de jerarquía y la motivación a los trabajadores; Teilhard de Chardin, un religioso que publicó un tratado en el que pretendía unificar la ciencia y la religión, y que preveía el posible impacto de internet en el futuro; Frederick Hart, un escultor que no vio reconocidos sus trabajos; y Edward O. Wilson, un biólogo que expone que las capacidades innatas de los seres humanos predominan sobre la educación; entre otros.

En el libro también se repasan otros temas, como la falta de emotividad de los estadounidenses, la decadencia de la civilización europea, la fe religiosa, los códigos morales, el cinismo y la ironía que están en estos momentos a la orden del día… No faltan tampoco temas comprometidos como las teorías feministas y las comunas hippies.

Sin duda alguna, Tom Wolfe es un hombre que genera controversia. Tom Wolfe es el hombre de blanco. Un periodista sin pelos en la lengua.

 

Noemí Valderrama Vázquez

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