Descenso al corazón de la pobreza

Título: Gente del abismo

Autor: Jack London

Lugar e ano de edición:  Barcelona, 1984

Editorial: Ediciones 29

 

 

La más sugestiva de las aventuras es sin duda la del propio autor, Jack London. Estudiante en la universidad de California, pronto abandonó las clases para trabajar como empleado en una lavandería, leyendo, en sus pocos ratos libres, cuanto caía en sus manos. La lectura del manifiesto de Marx y Engels le convirtió en un ferviente socialista y se vio, en repetidas ocasiones, en la cárcel, acusado de agitador político. Además también estaba influenciado por el positivismo de Darwin. Alcanzada la fama como escritor (sus novelas fueron traducidas a once idiomas), se refugió en su rancho de California, hospedando en el a cuanto vagabundo llamaba a su puerta. Entre todas sus obras podemos destacar, Colmillo Blanco, El vagabundo de las estrellas, Martin Eden, Cuentos del mar, Memorias alcohólicas y Las avanturas del gran norte entre otras.

La obra constituye un extenso reportaje acerca de la vida de la gente más miserable de la capital británica, en la época del autor, concretamente en el verano de 1902.Comienza con una carta del autor en la que explica sus intenciones. London se adentra en la amplia zona del East End, donde se encuentran los barrios humildes o slums. En ellos viven obreros, trabajadores eventuales, inmigrantes del campo y toda clase de desheredados. Con esto pretende denunciar la horrible situación en la que viven sus habitantes desde el propio corazón de la pobreza. Este hecho le diferencia de muchos otros personajes (entre ellos en propio Charles Dickens) que ya se habían sumado a la denuncia pero desde la comodidad de sus lujosas vidas. London quería ofrecer a sus lectores una imagen viva y vivida, quería experimentar el sufrimiento de la gente miserable para poder dar una visión más real de la situación. En la obra se describen escenas sobrecogedoras por el abandono y la pobreza que revelan. Pero, lo que más cabe destacar sin duda, es la época en la que se describen los hechos. Estos no se desarrollan en tiempos de crisis o de tragedia nacional. El imperio británico, entonces el mayor del mundo, estaba pasando por una época de “esplendor”. Su industria era la más floreciente y sus gobernantes se podían permitir dictar normas a las otras naciones. Sin embargo, la mayoría del pueblo inglés vivía en la indigencia. Esta situación se mantuvo pese a las protestas y  continúo durante todo el periodo de entreguerras.

La obra empieza cuando el autor les comunica a sus más allegados sus intenciones de bajar al East End para poder denunciar la situación. Estos le tratan como si estuviera loco y tratan de persuadirle para que no valla.  A pesar de esto, London se adentra en los barrios más pobres (con cierta dificultad puesto que hasta el propio taxista duda en acercarse por allí) y compra ropa usada y vieja como medio para pasar desapercibido. Una vez allí decide ponerse en contacto con un detective para que le conceda un  alojamiento donde poder dejar sus posesiones valiosas a salvo. Este, al principio duda ya que el autor va vestido de vagabundo pero finalmente le concede el alojamiento cuando se presenta vestido con sus ropas. Este es un punto que el autor destaca, el hecho de que las personas tratan a sus iguales de una forma u otra dependiendo de la apariencia externa. Una vez en ese abismo de  pobreza, el autor descubre que lo más normal son los alquileres de una sola habitación a familias enteras. En estos cuartos, todos los miembros de una familia realizaban sus actividades cotidianas. Además, en ocasiones, incluso les sobraba espacio que alquilaban a otro individuo. Sin embargo, las condiciones de vida eran pésimas puesto que no disponían ni de bañeras.

London descubre, tras escuchar el testimonio de varios afectados, que esta situación viene determinada por los bajos salarios que cobran estas gentes. Los barrios humildes estaban cargados de sobreexplotación, lo que suponía que una familia no ganaba lo suficiente como para poder permitirse unas condiciones buenas para vivir. Pero sin duda las mujeres y las personas “ineficaces” (no aptas para trabajar por diversos motivos) son las que más padecen la sobreexplotación ya que disponen de unos salarios menores que el de los hombres en el caso de las primeras, o no disponen de ningún trabajo en el caso de las segundas. La mayoría de los habitantes del East End están constantemente borrachos ya que usan el alcohol como una vía de escape a la dura vida que les tocó vivir.

En su continua búsqueda de información, el autor descubre unos alojamientos ocasionales (los clavos) donde los sin techo acuden para poder disponer por un día de comida y alojamiento. En estos lugares, los que tienen la suerte de entrar (tienen un número limitado de plazas) disponen de comida de la mala (gachas, agua y pan duro), un baño en el que se usa la misma agua y toallas para todos y una cama. Como pago, al día siguiente deberán realizar una serie de trabajos (la mayoría bastante desagradables). En el ghetto (nombre de jerga del East End), descubre que existen además ciertos lugares llamados “espitas” en los que se ofrece comida a cambio de un lavado de cerebro como en el caso del “Ejército de Salvación” (secta), los “coffe- house” donde se va comer y beber té de la peor calidad y las casas de dormir o “hoteles de pobres” caracterizados por la falta de intimidad (no hay puertas para separar las habitaciones) y la mugre.

Pero los habitantes de este abismo de pobreza no solo tienen que aguantar estas malas condiciones de vida, sino que, además, soportan la injusticia de una ley que antepone la propiedad a la propia persona tal y como comprobó el autor tras leer una serie de informes policiales. Además la propia ley, castiga a los que se intentan suicidar porque no aguantan más el sufrimiento que supone vivir en ese horrible lugar.

Tras haber visto lo peor de la vida, y haber sufrido en su propia piel la miseria, London finaliza su obra con una reflexión en la que afirma que la civilización ha aumentado la capacidad productiva del hombre pero sin embargo, a causa de una mala gestión, las condiciones de vida han ido a peor en vez de mejorar.

En definitiva, la obra constituye un excelente reportaje que muestra sin ningún tapujo la miseria que asolaba al imperio más poderoso del siglo XX y, a su vez, es un gran ejemplo de un tipo de periodismo de investigación y denuncia en que se mezcla la psicología con la aventura. Gente del abismo es, sin duda, un claro antecedente de la  relación entre el periodismo y la literatura que nacerá en los años posteriores a la publicación de la obra.

Carla Díaz Leal

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