Hablar sin abrir la boca

Título: La comunicación no verbal
Autor: Flora Davis
Editorial: Alianza
Lugar y año de impresión: Madrid, 1993

“Nos quedaríamos mudos si nos atasen las manos”, y yo la primera.
Cómo hablan las miradas, qué expresan unas manos tensas, cómo nos comportamos dependiendo del interés que tengamos en la persona que nos está hablando, son sólo unas de las muchas curiosidades que la autora nos resuelve en su libro “La comunicación no verbal”. Y digo curiosidades porque eso es lo que son para mí. Jamás pensé que cruzar los brazos podría transmitir algo distinto que dejarlos colgando a lo largo del cuerpo.
Para explicarnos que en realidad sí significan cosas muy diferentes, Flora Davis realiza un análisis del movimiento de diferentes partes del cuerpo, de los comportamientos según edades, regiones y sexos dividiendo el libro en veintiún capítulos. En ellos se ayuda de las investigaciones y conocimientos de algunos antropólogos, como Margaret Mead y Edward Hall; sociólogos, como Albert Scheflen, Goffman y otros especialistas, para tratar cada tema por separado, dedicándole un capítulo. De esta manera es mucho más sencillo poder apreciar lo muertas que pueden llegar a estar las palabras si no van acompañadas de algo que las guíe.
El lenguaje corporal es un tema que se había comenzado a estudiar hace ya tres décadas, un tema tan y tan complejo que, en mi opinión, no se terminará de estudiar nunca. Sobre todo porque los seres humanos actuamos muchas veces como un rebaño que sigue las modas, expresándonos de una manera u otra dependiendo de lo que “se lleve o no”. Con esto quiero decir, que muchos de los gestos, que nosotros creemos realizar inconscientemente, no son más que un calco de las costumbres de nuestra sociedad. Somos el espejo de lo que nos han enseñado, no miramos fijamente a un desconocido porque sabemos que no es algo correcto, ¿seguro? Una de las cosas que he aprendido al leer este libro es que muchos de los comportamientos que yo creía universales no lo son. Una mirada prolongada para un árabe, no significa lo mismo que para un japonés o un italiano.
Ni siquiera nuestro espacio personal, esa burbuja de intimidad que nosotros mismos establecemos y que nos hace sentir incómodos si otro individuo la invade, no mide lo mismo para un sudamericano que para un habitante de Nueva York. Es cuestión, como ya dije, de costumbres sociales.  Por ello, Flora Davis llega a la conclusión de que, para aprender un idioma no basta sólo con dominar su gramática y sus normas ortográficas, debemos dominar también la gramática de nuestros gestos las palabras que desprenden los movimientos que realizamos al conversar con una persona.
Conversar, nunca pensé que se podría desmenuzar tanto un acto como este. Un especialista podría quitarle el sonido a una conversación y, aun así, sería capaz de averiguar lo incómodos, receptivos o interesados que se encuentran los interlocutores que participan en la charla observando la dirección de su mirada, el grado de cruce de sus piernas o la manera de fruncir el ceño. Resulta en cierta medida espeluznante a la par que asombroso.
Pero, existe algo contradictorio en los gestos que la autora engloba dentro de los “comportamientos convencionales”. Muchos  de ellos los adoptamos de manera innata, resulta irónico que algo como imitar las costumbres de los demás para ser como el resto, en ocasiones se realice de manera inconsciente. Aquí es donde entra en juego lo que Flora Davis denomina como “la capacidad imitativa del ser humano”. Esa costumbre que tienen los niños de querer ser mayores, de querer ser como sus padres. Esa manía inconsciente que tenemos de tomar los gestos de otra persona como nuestros, cuando pasamos demasiado tiempo con ella.
Ha sido uno de los temas que más me ha fascinado del libro, que la personalidad de un ser humano se vea quebrada por su entorno, algo que demuestra que no somos tan únicos como en realidad creemos que somos.
Todo esto, no es más que un intento de expresar los fragmentos que más me han impactado, aun así he sido “testigo” de cómo se ha fragmentado un gesto en tantas partes y se ha hecho alusión a tantos matices que podría pasarme horas escribiendo más ejemplos.
Como punto final, haré alusión al último capítulo del libro en el que la autora afirma que lo estudiado es poco comparado con todo lo que queda por estudiar.
“Las palabra pueden ser lo que emplea un hombre para expresarse cuando le ha fallado todo lo demás”.-Flora Davis

Raquel López Martínez

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