Lo no contado sobre el caso Majorana

Título: La desaparición de Majorana

Autor: Leonardo Sciascia

Editorial: Tusquets editores

Lugar de edición:  España

Año de edición: 2007

En La desaparición de Majorana Leonardo Sciascia nos presenta un caso poco conocido fuera del mundo de la ciencia o de Italia; el de Ettore Majorana, desaparecido en marzo de 1938. Ettore era entonces una inminencia en la ciencia, particular en cuanto a su comportamiento, que se codeaba con genios como Fermi o Heisenberg. El autor nos introduce en el caso revelando muchas de sus conclusiones, mientras que de forma paralela nos muestra la investigación llevada a cabo (o no) en su día por la policía italiana.

El libro empieza con una carta de Giovanni Gentile, ministro de Educación con Mussolini, a Bocchini, jefe de la policía, el 16 de abril de 1938. En ella éste le pedía que recibiera al hermano del desaparecido en su despacho y que por favor se buscara a Ettore en los conventos de Nápoles.  Lo que, en mi opinión, es un guiño a cómo termina la investigación por parte del autor del libro: preguntando por el desaparecido en un convento cartujo muchos años después.

Ettore Majorana desapareció el 26 de Marzo de 1938. El día anterior embarca en Nápoles para ir a Palermo. Existen dos cartas enviadas por el científico antes de su desaparición: la primera era para su amigo Carreli, en la que deja clara su intención de cómo y dónde suicidarse; la segunda, para su familia, es una especie de despedida. Su cuerpo nunca fue encontrado y cuando el período legal necesario expiró se le dio por muerto. Sin embargo, Sciascia apunta una serie de cosas que no concuerdan con el supuesto plan de suicidio de Majorana, entre ellas, que mandó un telegrama a Carreli en el que le decía que se olvidara de todo lo escrito en la carta.  El autor deja clara su opinión con respecto al trabajo realizado por la policía que, según su criterio, ignoró o no dio la suficiente importancia a ciertas pistas que habrían llevado a una resolución distinta del caso. Pero no se limita a dar un juicio contrario a dicha investigación, sino que nos introduce en la suya propia, muestra datos concretos sobre la investigación así como sus conclusiones personales y nos da a entender por qué la policía en ciertos aspectos llevó el caso supuestamente de forma equivocada.

Sciascia realiza una revisión del pasado del científico, a través de diversas fuentes cercanas a éste, y nos permite entrever su peculiar personalidad dentro del mundo de la ciencia; ya que se le consideraba muy diferentes al resto de profesionales del oficio. Quizás la peculiaridad más destacable es el hecho de que no quería publicar sus investigaciones y estudios, incluso cuando él sabía que eran correctos. El autor del libro intenta indagar en su personalidad para saber por qué actuaba así y presenta una teoría al respecto, en la que dice:

“Para los genios precoces como Majorana, la vida tiene un límite que no puede ser rebasado, un límite de tiempo, de acción, como contado, como inalcanzable. Una vez alcanzada la plenitud, la perfección de una obra; […] no queda sino morir. Esto lo sabe el hombre de talento precoz sin ser consciente […]”

Esta personalidad peculiar que lo llevaba a querer estar a menudo solo y el hecho de ir científicamente adelantado a su tiempo (aunque no lo demostraba al no llegar a publicar sus descubrimientos, así lo indican los científicos que convivieron con él y conocieron sus estudios), son las bases principales en las que se sustenta la teoría de su desaparición voluntaria. Personas del ámbito de la ciencia afirmaron que, si así lo deseaba, era lo suficientemente inteligente para fingir su propia muerte y desaparecer sin que se le encontrara. ¿Pero por qué iba a hacerlo?  Ettore Majorana desapareció en una época en la que los científicos de su nivel comenzaban a investigar con los átomos, lo que desembocaría posteriormente en la elaboración y uso de la bomba atómica por parte de Estados Unidos. Sciascia defiende la teoría de que, adelantado a su tiempo en sus investigaciones, tal vez entrevió que era factible construir una bomba atómica y tuvo miedo de las posibles consecuencias para la sociedad, por lo que se alejó de ésta y de la ciencia.

El libro finaliza con la visita a un convento cartujo contada en primera persona por Sciascia, que llega aquí a través de una pista que le da un amigo. El monje que les guía no llega a afirmar que haya un científico famoso entre los mojes del convento, pero tampoco lo desmiente. Lo que si les confiesa es que, durante un tiempo, estuvo interno en el edificio un norteamericano que participó en el lanzamiento de la bomba de Hiroshima. Abrumados por la coincidencia, Sciascia y su amigo abandonan el convento sin hacer más preguntas, sin indagar más en el caso. El autor termina así la investigación y el libro.

   Águeda Rodríguez-Volta Corrochano

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