Martín Eden


Título: Martín Eden

Autor: Jack London

Editorial: Akal

Lugar de edición: Madrid

Año de edición: 2003

 

 

Martín Eden es un relato de carácter autobiográfico en el que Jack London nos muestra su evolución desde un joven marinero enamorado de una mujer de la alta burguesía, hasta un hombre culto que se gana la fama y el respeto de miles de personas con sus ensayos, novelas y poesías. A través de las palabras de London, nos sumergimos en el mundo de Martin Eden de tal manera que casi nos sentimos protagonistas de la historia.

La historia comienza cuando Martín Eden, un joven de 20 años poco acostumbrado a la vida en tierra firme, llega a casa de los Morse, en la ciudad de Oackland (San Francisco). Allí, Martín conoce a Ruth Morse, una de las hermanas de Arthur, y en seguida surge una atracción entre ambos jóvenes.

Tras la cena, Martín regresa a la casa de su hermana Gertrud, donde se aloja temporalmente. El muchacho se ha quedado realmente fascinado con Ruth, pero se siente muy inferior a ella. Por ello, se propone leer y estudiar para ponerse a su altura y también mejorar sus costumbres.

Así, el joven comenzó a pasar los días en la biblioteca, leyendo cualquier libro que cayese en sus manos, ya tratara de política, de filosofía o de la higiene personal.

Una semana después, Martín Eden le hace una visita a Ruth Morse. Le cuenta a la joven que quiere estudiar por su cuenta y ella le recomienda que lo primero que debe hacer es estudiar gramática, ya que su forma de hablar no es del todo correcta. Martín comienza a dar clases de Gramática con la joven, y así, la relación entre ellos se va tornando en amistad.

Después de varias semanas en tierra, a Martín se le acaba el dinero, por lo que vuelve a embarcarse. En los ocho meses que pasó en alta mar, el joven no dejó de estudiar y comenzó a observar cambios importantes en su manera de hablar y de comportarse.

De regreso a San Francisco, Martín Eden se plantea convertirse en escritor, una profesión con la que ganaría suficiente dinero para no tener que embarcarse de nuevo. Además, sería una gran manera de conseguir el amor de Ruth. Y empieza por componer relatos sobre sus viajes. Desde el primer momento, Martín tiene claro cuál será su estilo: la realidad. Al joven le gusta escribir sobre todo aquello que él mismo ha visto y vivido.

A medida que escribía artículos y cuentos, Martín los enviaba a algunas revistas y diarios, confiando en que se los publicarían y empezaría a ganar dinero. Sin embargo, siempre le eran devueltos.

El tiempo que Martín no está escribiendo o estudiando, lo aprovechaba para estar con Ruth. El vínculo entre ambos muchachos comienza a hacerse más fuerte, aunque la joven no acaba de aprobar el deseo de Martín de convertirse en escritor.

A Martín se le vuelve a agotar el dinero, por lo que decide comenzar a trabajar en el lavadero de un hotel en San Francisco. Las jornadas de trabajo son tan duras y agotadoras que al joven no le queda tiempo para leer, ni estudiar, ni siquiera para visitar a Ruth. Hasta que un día, cansado de la rutina, decide dejar el empleo y volver a Oackland.

A su regreso a la ciudad californiana, Martín y Ruth comienzan a verse cada vez con más frecuencia. Pese al rechazo que sienten los señores Morse por el joven, al que consideran indigno de su hija, la muchacha no puede esconder sus sentimientos hacia Martín. Una tarde, ambos jóvenes se confiesan lo que sienten el uno por el otro y empiezan a salir oficialmente.

Martín abandona la vivienda de su hermana y alquila una habitación en casa de María Silvas, una pobre mujer que apenas puede mantener a su familia. El muchacho continúa con su anhelo de ser escritor y no deja de escribir novelas y cuentos. Pero no consigue que ninguna revista los publique y comienza a pensar que su sueño es algo imposible. Sin embargo, un día recibe un cheque de una revista como pago por uno de sus cuentos y el joven vuelve a creer que puede triunfar como escritor.

Un año después de que Ruth y Martín comenzaran a salir oficialmente, la situación sigue siendo la misma para el joven. Su novia le propone que se busque un trabajo serio, pero Martín no da su brazo a torcer.

La única persona que reconoce el talento de Martín es Russ Brissenden, a quien conoce en casa de los señores Morse. En él, Martín encuentra a un verdadero amigo, alguien con quien comparte sus ideas y pensamientos.

Un día, Brissenden lleva a Martín a un mitin socialista. Aunque la gente del entorno de Ruth ven al joven como un socialista, él se considera reaccionario e individualista. Convencido por su amigo, Martín participa en el mitin, defendiendo su postura de oposición al socialismo. Al día siguiente aparece un artículo en la primera página del diario sobre el mitin, en el que se retrata a Martín Eden como uno de los socialistas más destacados de la ciudad. Aquello le trajo problemas a Martín con sus vecinos y conocidos, pero sobre todo, con Ruth. La muchacha le escribió una carta en la que daba por terminada su relación y le pedía a Martín que no fuera a visitarla, ni tratara de hacerla cambiar de opinión.

La vida de Martín Eden dio un giro completo cuando comenzó a recibir cheques de revistas y diarios, que aceptaban algunos de sus escritos. El joven veía día a día como su dinero y su fama aumentaban y como empezaba a conseguir lo que siempre había soñado. Sus mejores ensayos y novelas fueron publicados y alcanzó un gran prestigio, no sólo a nivel nacional. Pero, al contrario de lo que esperaba tiempo atrás, no sentía ninguna emoción especial al ver como sus obras salían a la luz.

La gente comienza a aceptar a Martín Eden. El joven recibió invitaciones de sus parientes, que antes le aborrecían, de gente que ni siquiera conocía y que deseaban charlar con el escritor del momento. Y Martín se preguntaba por qué ahora todo el mundo reconocía su talento, cuando era el mismo hombre al que rechazaban sus novelas meses atrás.

Tengo la misma carne y los mismos huesos y los mismos dedos en las manos. Mi cerebro es el mismo de siempre. Personalmente tengo el mismo valor que cuando nadie quería nada conmigo. Entonces es que no me quieren por mí mismo. Me quieren por algo más, por algo que no está en mí, que es exterior a mí. ¿Quieres que te diga por qué es? Pues es por el dinero. Pero el dinero no soy yo”.

Ruth fue a ver a Martín a su hotel para decirle que seguía queriéndole, que deseaba volver con él. Pero el muchacho ya no sentía nada por ella y así se lo hizo saber.

Martín quería dar un cambio a su vida, así que se embarcó rumbo a los Mares del Sur. En el barco, empezó a notar una sensación de cansancio, que no cesaba por muchas horas que durmiera. Hasta que comprendió lo que debía hacer. Se lanzó al agua y, mientras la embarcación se alejaba, se fue hundiendo en el mar.

Andrea Fernández

 

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