Medios impresos, ¿agonizan o sobreviven? Una lectura a través del 23-F

TÍTULO: Cómo leer un periódico

AUTOR: Carmen Alcalde

LUGAR E ANO DE EDICIÓN: Barcelona, 1981

EDITORIAL: ATE

 

A las 18.22 del 23 de febrero de 1981 el teniente coronel Antonio Tejero asaltó el Congreso de los Diputados, que en ese momento celebraba el pleno de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno.

El Golpe de Estado del 23-F será el paradigma a seguir para ejemplificar todas las teorías que Carmen Alcalde, directora de la revista Vindicación feminista, intenta explicar en su libro “Cómo leer un periódico”.

Teniendo en cuenta que este libro fue escrito hace veinte años, el pasado no dista mucho de la actualidad. Nos explica cuál es el panorama de aquella época y visualiza la evolución de los nuevos medios de comunicación -los digitales-, como una amenaza para los medios impresos. Defiende a estos últimos de una manera inexorable, argumentando que los periódicos permiten profundizar en los temas de interés y analizarlos sin ninguna prisa para sacar a la luz toda la información posible, mientras que medios como la televisión y la radio, aunque sean más veloces a la hora de emitir, se quedan a la mitad a la hora de profundizar. Carmen Alcalde apoya la remodelación de los periódicos, pero nunca su desaparición.

 A los periodistas corresponde dar a conocer lo que otros periódicos, que no son el suyo, no publican; añadir lo que saben sobre un hecho y que los demás periódicos escamotean aclarar porque su periódico publica una información completa y verídica sobre un acontecimiento que los demás periódicos minimizan. Al lector le resultó fácil comprender que en el asunto del Golpe del 23-F, fueron los medios de comunicación más independientes los que con mayor objetividad describieron el acontecimiento y que fueron los órganos oficiales ( ruedas televisivas del mismo gobierno) y los paraoficiales, los que dieron una versión de los hechos tardía, confusa y poco convincente.

Qué curioso resulta que, si eliminamos del párrafo las palabras acerca del Golpe de Estado, el texto citado parezca sacado del presente. La mitad de la información sigue ocultándose, ya sea por la línea editorial de cada periódico o porque tergiversan los datos a su propio interés. Si leemos hoy día un periódico, encontraremos las mismas noticias en “El Mundo” como en “ El País”. Simples “copia y pega” de las agencias del momento o burdos intentos de favoritismo a un partido u a otro.

Volviendo de nuevo al libro, cabe destacar la historia sobre los medios impresos que trata el primer capítulo. Nos revela datos que, personalmente, desconocía; como la “Ley Fraga” o que la agencia de información, Europa Press, estaba financiada por el Opus Dei.

Por último, hay que decir que el título no hace demasiada referencia al contenido. Pues, aunque desvela todas las funciones, valores noticia y organigramas en los que se divide una redacción, no trata exhaustivamente el modo de leer de manera adecuada un periódico. Solo en el segundo capítulo desarrolla este tema, explicando cómo colocar los títulos y cómo puede variar su significado solo con un cambio en el orden de palabras. Es interesante conocer como cada página tiene su propia función –aunque actualmente no se rija por esa estructura- dentro de un periódico. Cómo la primera página conlleva todo el peso de la ideología del medio, mientras que por ejemplo la segunda página siempre trata temas menores y la tercera muestra los artículos de opinión. La escritora vuelve a poner de referencia todas las portadas del 23-F, y nos enseña que aunque todos los medios se pusieron de acuerdo para poner en primera plana la noticia, cada uno recogió las distintas interpretaciones de la noticia según su tendencia ideológica. Cabe destacar además, el mayor esfuerzo del Diario 16, que fue el más osado, porque realizó cinco ediciones consecutivas desde las once y media de la noche del veintitrés de febrero hasta la tarde del día siguiente.

  

1981 es la época de la crisis de la prensa, debido a los medios tecnológicos. Actualmente, los medios impresos agonizan, cada día cerrando más empresas o sobreviviendo a duras penas, y la remodelación de la que hablaba la periodista Carmen Alcalde, todavía se trata de una copia digital del medio impreso. Me pregunto si seguiremos en esa época, tal como está el panorama.

 

Sandra Rego

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