LOS MEDIOS ¿VERDUGOS DE LA DEMOCRACIA?

TÍTULO: EL PERIODISTA EN SU CIRCUNSTANCIA
AUTOR:
CARLOS GONZÁLEZ REIGOSA
EDITORIAL:
ALIANZA EDITORIAL
LUGAR DE EDICIÓN:
MADRID
AÑO DE EDICIÓN:
1997

Carlos G. Reigosa, director de Información de la Agencia EFE durante la década de los noventa, reflexiona en este manual acerca de la realidad inmediata a la que tienen que someterse y desgranar los informadores periodísticos durante su periplo laboral.

Es cierto que los mass-media desempeñan una capital importancia en la vida pública de los países libres. Una democracia sin libertad de prensa es una contradicción en si misma, por lo tanto, no es concebible la democracia con los medios de comunicación dependientes del poder político. Dicho esto: ¿qué papel desempeña la información en la sociedad actual? ¿hacia donde nos conduce y cuáles son sus rasgos identificativos? Carlos G. Reigosa evidencia la existencia de los enemigos políticos de la democracia: “esos que nos privan de la libertad de prensa mediante interferencias gubernamentales en los medios”. De esta forma, asume que las tensiones existentes entre políticos y medios de comunicación acarrean una gran historia perteneciente a tiempos de antaño. En este sentido, de convertirse los medios en los enterrados del sistema democrático, ¿cómo nos defendemos de sus vicios y excesos en caso de no existir ni un ápice de transparencia en ellos?

El entramado completo de los mass-media se somete diariamente al examen del lector. Hoy en día, políticos y reporteros desconfían hasta de su sombra. Sus encuentros, en ocasiones fundamentados en miradas de soslayo, denotan la poca fe que se tienen ambos colectivos. Sin embargo, a pesar de la clara desconfianza mutua que les invade, no dudan en formar alianza y enfrentarse en detrimento del interés general con la premisa del reparto monetario como único fin.

Carlos G.Reigosa juega con el binomio instantaneidad y transparencia como la solvencia presente en los nuevos medios de comunicación respecto a los antiguos. Ahora el poder reside en un mayor número de manos, es decir, en todos y en nadie a la vez. Ahí radica la presente complicación. Aunque el conocimiento siempre tuvo una estrecha relación con el poder, ahora no sólo mantiene la postura de antaño, también se ha propuesto forjar la unión al sistema económico. Actualmente, los periodistas encuentran serias dificultades para informar de forma útil y sustancial a una sociedad cada vez más anclada en lo complejo. Lo mismo sucede en el gremio político: son incapaces de controlar la situación en una comunidad cada vez más impune, acelerada y volátil. A pesar de que algunas propiedades de nuestra pólis resultaron fundadas por la clase política, la respuesta demagógica en tiempo real impuesta por nuestros líderes no hace más que socavar su escasa e insignificante autoridad.

Mientras en los medios de la era industrial todavía convive la tendencia monopolística, en los referidos a la sociedad contemporánea, tambíen denominada “sociedad de la tercera ola”, semeja estar desapareciendo esa traba. La razón de su extinción radica en la difusión radial de la presente estructura de medios, agrupándose en torno al eje social. Pese a ello, la interactividad, una de sus capitales ventajas, está permitiendo la comunicación de la sociedad receptora con la propia cadena de comunicación.

Cada suceso manipulado desfigura el crédito del periodismo al público. El texto no concibe al reportero de calle separado de su entorno y circunstancia. Los medios son el sostén de la democracia pero con actuaciones monopolísticas y desvíos morales interesados de por medio, pueden volverse los villanos del propio sistema vigente, inclusive, sus verdugos. En aras de una factible y próspera democracia, los ciudadanos demandamos sensatez y claridad informativa. Desechamos lo edulcorado con excipientes desabridos e igualmente nocivos para el razonamiento. El lector procura una transmisión de datos que esté a la altura de sus circunstancias. Nos entregamos a una linea editorial por afinidad, a cambio, solo esperamos que su credo no deshonre nuestro afecto con actitudes malabaristas.

En teoría, la democracia es la llave que conduce al conocimiento e información más diversa. No obstante, algunas actitudes totalitarias desgranadas por los medios, subestiman este enunciado como si de una utopía se tratase. En nuestra presente realidad, los medios resultan desafiantes al imponernos el calendario político. En ocasiones, los líderes políticos adoptan el rol de sabueso y persiguen a los medios donde quiera que vayan. Tal es su dependencia, que se ofrecen a ellos como simples roedores de laboratorio. Los medios aceleran la cuerda de sus jaulas, y en consecuencia, el sector político responde instintivamente a la supervivencia de su estirpe. ¿De qué manera conservar el poder? Improvisando al instante que asome una crisis. La situación se torna viciosa de tal forma que, o los políticos controlan a la masa comunicóloga y acaban con la democracia, o los mass-media languidecen a la misma.

 

NÉSTOR AMORÍN

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