Morir para contarlo

Título: Ninguna guerra se parece a otra
Autor
: Jon Sistiaga
Año de edición
: 2004
Lugar de edición
: Madrid
Editorial
: Plaza Janés

En los últimos diez años alrededor de doscientos reporteros han muerto realizando su trabajo en un país extranjero. Más de doscientos periodistas dejaron familias y amigos atrás para mostrarnos a todos la realidad de la guerra. Doscientos periodistas que se convirtieron en noticia cuando solo buscaban la verdad.

Entre ellos destaca el caso de José Couso, comunicador de la cadena de televisión Telecinco. Fue una muerte que conmocionó a España. Un hombre de 37 años dejaba una viuda y dos niños en este mundo. Un hombre que no había ido a combatir, que estaba en contra de la Guerra de Irak; de cualquier guerra. Él, como cientos de periodistas, arriesgan la vida para contar la realidad, los terribles crímenes que se cometen a miles de kilómetros de nuestra televisión, porque sin testigos el terror no tiene ninguna medida.

José era el cámara que acompañaba a Jon Sistiaga para realizar las crónicas en Irak para los informativos de Telecinco. No es fácil hacer periodismo cuando todas las informaciones que quieres que lleguen a tu país deben pasar por una censura previa, que elimina todo tipo de imágenes que dejan en mal lugar al régimen de Sadam, cuando todos los periodistas tienen un “guía” que hable su idioma, el cual controla todos sus movimientos, sus comentarios… Todo lo que el guía no crea adecuado será comunicado al Ministerio de Información iraquí que donde decidían si esos periodistas permanecían en el país o debían ser expulsados porque no agradaba el enfoque de su trabajo.

A pesar de todos esos obstáculos José y Jon consiguieron quedarse en Bagdag para vivir la guerra mejor contada de la historia, la más cubierta. Todo lo que ocurría en Irak se transmitía a tiempo real a cualquier parte del mundo.

La realidad es que en la guerra la prensa estorba. Cuenta lo que no debe contar, lo que algunos quieren que la gente no sepa. En la Guerra de Irak fue la primera vez en la historia que se retransmitía en directo la conquista de un país. Millones de personas estarían pendientes en todo momento de su televisión.

Sistiaga y Couso habían decidido quedarse en Bagdag, aguantar. Llevaban un mes haciendo reportajes previos a la guerra y se iban a quedar allí pasara lo que pasara. Un día antes de que finalizase el ultimátum dado por George W. Bush el presidente de los Estados Unidos debían cambiarse de hotel. Se alojaban en el hotel Al Rasheed el mejor de la ciudad, pero también el más peligroso por su cercanía a edificios oficiales que serían bombardeados sin ninguna duda.

Irían al Hotel Palestina, en principio un hotel mucho más seguro. Sería donde se alojaría toda la prensa extranjera que cubría la guerra. Españoles, estadounidenses, italianos, mexicanos… un sinfín de periodistas venidos de todas los rincones del mundo para cubrir ese hecho histórico, para formar parte de la historia.

Muchos de esos periodistas recibieron llamadas de familiares, amigos, jefes, compañeros de trabajo, quienes les pedían por favor que abandonase, que volviesen a casa antes de que estallase la guerra. Que cubrieran el conflicto desde la frontera, que no se arriesgasen a quedarse en Bagdag la capital de lo que seria lo que los sadamistas llamaban Um Al Maarik, la madre de todas las batallas.

Informativos Telecinco había enviado dos equipos de televisión y un traductor al conflicto. El día 18 de marzo, un día antes de que el ultimátum finalizase, se reunieron porque muchos de ellos estaban cansados y tenían miedo; se planteaban abandonar Bagdag.

<< Entonces no lo sabíamos, pero mientras hablábamos y reflexionábamos sobre nuestro estado de ánimo, estábamos decidiendo entre la vida y la muerte. La fatalidad estaba haciendo sus descartes, eligiendo sus víctimas. Quién se iba, quién se quedaba, quién sobrevivía, quién moría…>>

Eran siete personas. Cinco de ellos decidieron evacuar a Jordania y contar la guerra desde el punto de vista de los refugiados. Solo José y Jon se quedaron.

<< Maldita la mirada cómplice que le lancé, seguramente pidiéndole, implorándole que no se fuera. Maldita esa frase que se calló delante del resto y que sólo después, cuando estábamos solos y desmoralizados en la habitación me confeso: “Cómo te iba a dejar solo capullo”. >>

El día 8 de abril amaneció como cualquier otro día. Sistiaga y Couso se habían quedado dormidos. Era un día importante, lo americanos entrarían en Bagdag, la guerra acabaría y podrían volver a casa. Un día antes un periodista de El Mundo que cubría el conflicto como brigadista en la Tercera División de Infantería del Ejército estadounidense, había fallecido cuando un misil iraquí tierra-tierra destruyó el campamento estadounidense en el que se encontraba a 15 kilómetros de la capital.

Como ya he dicho antes la prensa estorba. En el conflicto fue bombardeado el edificio de la cadena Al Jazira, la sede de la CNN árabe y Abu Dahbi TV. En Ninguna guerra se parece a otra Jon Sistiaga se pregunta como no se le pudo ocurrir que había una posibilidad de que el Hotel Palestina fuese bombardeado, al fin y al cabo eran prensa, prensa molesta.

La mañana del 8 de abril el A-10 Thunderbolt también conocido como”matatanques” entró en Bagdag, la joya de la aviación estadounidense. Jon y José se habían despertado demasiado tarde como para grabar la entrada del “matatanques” en la ciudad. Taras Protsyuk un cámara ucraniano que trabajaba para la agencia Reuters se alojaba en la habitación de arriba. Jon silbó desde el balcón para ver si ellos habían grabado la impactante escena del avión. Así era, Jon iría a hacer una copia en unos minutos.

Couso estaba en el balcón con la cámara encendida apuntando hacia los puentes del Tigris. El puente Al Yumuría estaba repleto de tanques estadounidenses.

<< “Están apuntando hacia aquí, nos están mirando”, me dijo. Ni me inmuté. ¿Por qué desconfiar de los norteamericanos? >>

Jon se fue a la otra habitación. Un ruido abrumador lo dejó conmocionado. Algo había impactado contra el hotel. Se asomó al balcón y vio a las personas que estaban en la calle señalando hacia donde él estaba. Sistiaga corrió hacia donde se encontraba Couso mientras escuchaba los gritos de Safa su guía iraquí y Ferdinando Pellegrini de la RAI italiana.

Jon se encontró a José boca arriba rodeado de cristales del balcón, pequeños cachos de metralla, sangre… << “Ha sido el tanque -me dijo- ha sido el tanque”>> Tenía la barbilla destrozada y no paraba de sangrar, había perdido prácticamente la pierna derecha y la clavícula rota.

Utilizaron el colchón de camilla improvisada. En el ascensor se encontraron con los compañeros de Taras, el cámara de Reuters, tenía el cuerpo destrozado; sus compañeros gritaban y corrían para llevarlo al hospital más cercano, pero ya no se podía salvar.

Cuando consiguieron bajar a José hasta la calle un coche les estaba esperando. Lo llevaron hasta el hospital San Rafael, allí mandaron a Taras y a Couso al hospital Ibn al Nafis. José fue operado de urgencia por el doctor Faisal, cirujano jefe. Al salir de la operación y mientras el doctor Faisal le comunicaba a Jon como había ido Couso entró en barrena hacia la muerte.

Hacía 5 horas que el sargento Shawn Gibson casado y con cuatro hijos había pedido permiso para disparar contra el hotel Palestina. La unidad de blindados A-46 Armor que se encontraba en el puente Al Yumuría pertenecía a la compañía Alfa, conocida por el resto de los soldados de la Tercera Infantería como los assasins, los asesinos.

La versión de Gibson fue que descubrió un ojeador, un iraquí con prismáticos quien podía estar dando instrucciones a los fedayines que se encontraban en el otro lado del puente.

<< Era imposible que viera el destello de unos binoculares y no viera las cámaras de televisión que desde todas las ventanas de ese edificio enfocaban a su tanque. Las coordenadas del hotel estaban en manos de la inteligencia militar norteamericana. Todos los medios de comunicación allí hospedados habíamos mandado esos datos a nuestros respectivos ministerios para que se los hicieran llegar al Pentágono >>

Después de tres días frenéticos Jon consiguió que los propios americanos que habían asesinado a su amigo y compañero José, sacasen su cuerpo de Bagdag en un helicóptero de la unidad de rescate Mef Casevac Team.

<< Miré intensamente la bolsa hermética, enfrente de mí. Trataba de imaginarme la figura de José en su interior. Fueron dos horas de fijación en esa bolsa amarilla a la que miraba y hablaba. Le dije que lo sentía. Le dije que me sentía culpable por haber aceptado cubrir esa guerra. Le dije que jamás podría olvidar tanta humanidad junta. Que había sido mi mejor compañero de viaje. Le grité, por encima del ruido intenso de las aspas del helicóptero, que lucharía por encontrar a los responsables de su muerte. “Esa bolsa no es sitio para ti, José -pensé amargamente-, sal de ahí ya. Huye, vuela, espérame en algún lado porque te echo mucho de menos, amigo.” >>

El juez Pedraz, quien se encarga de la investigación del Caso Couso, ha ordenado hasta 3 veces la busca y captura de los militares norteamericanos que dispararon desde un tanque al Hotel Palestina. Este mismo año se trasladó a Irak para comprobar si desde el lugar donde Gibson realizó el disparo se distinguía la terraza de la habitación de Couso y Sistiaga. Los peritos, que también se trasladaron a Bagdag y tras examinar las imágenes grabadas por el propio juez en su viaje, concluyeron que desde el lugar dónde se disparó el tanque se podía distinguir perfectamente que José Couso portaba una cámara de televisión. La familia de José Couso lleva ocho años pidiedo justicia, en especial su hermano Javier quien ha hecho varias intervenciones en los medios de comunicación, incluso en algunos estadounidenses.

A continuación dejo el enlace de la primera parte de el documental llamado Irak, los archivos secretos emitido por RTVE dónde se explican muchas de las atrocidades que llevaron a cabo los militares estadounidenses.

http://www.youtube.com/watch?v=aHGKF5pGsyA&feature=related

Algunos cables de Wikileaks acerca del caso Couso

Cable sobre el supuesto esfuerzo de Justicia por archivar la causa

Cable en el que se asegura que De La Vega está “muy involucrada”

Miriam Iglesias Otero

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