Sobre quienes deciden por ti

Autor: Santamaría Suárez, Luisa
Título: Géneros Para la Persuasión en Periodismo
Publicación: Madrid, 1997
Editorial: Fragua editorial.

 

En los últimos –y no tan últimos, este libro está escrito en 1997- años, los medios, los críticos, muchos escritores y algunos cineastas se llenan la boca hablando de persuasión. Vivimos en un mundo donde, dicen, ya nadie es dueño de sí mismo, sino que nuestro pensamiento y nuestros principios, si es que esta palabra no ha perdido ya su sentido, están en manos de otros. Personajes invisibles que deciden qué compramos, a quién votamos, cómo educamos a nuestros hijos o qué libros leemos. Pero, ¿de verdad existen esos “otros”? ¿No es posible que, como en la película de Amenábar, seamos nosotros los fantasmas? Dicho de otra forma, por mucho que los periodistas se empleen a fondo en convencernos por la lógica y persuadirnos por la psicología oculta tras sus palabras, ¿no cabe la posibilidad de que sigamos teniendo la última palabra en nuestras decisiones?

La persuasión existe ya desde la Grecia del siglo V a.C, cuando la palabra hablada y escrita ganó unas proporciones de importancia considerables en la defensa de la democracia, y los sofistas comenzaron a hablar de retórica. Aunque lo que no sabían entonces es que parte de lo que somos viene determinado por lo que heredamos, unos cementos de ideas y convicciones inamovibles, determinadas mucho antes de que conocemos el mundo: nuestro genotipo, nuestra herencia genética. A esto se irán añadiendo experiencias, educación, compañeros y compañeras de viaje. Estos últimos, por ejemplo, serán responsables en ocasiones de que algún sentimiento de odio, simpatía o afinidad se intensifique. Se intensifique, no se cree. Ya dice Luisa Santamaría Suárez que “las turbas que linchan a los negros existen porque previamente existen sentimientos de aversión hacia los negros”. La masa no es más que el conjunto, a menudo exacerbado, de los sentimientos de sus miembros. No existe un sentimiento autónomo común como tal. Además, no absorbemos sin censura todo lo que nos llega de fuera, y es que “quiquid recipitur ad modum recipientis recipitur”, y esto hace varios siglos ya que lo enunció Santo Tomás. Nuestra actitud determina la criba.

Parece, al fin, que todo está dicho ya en materia de persuasión. Los griegos reflexionaron sobre esto mucho antes de que se fundase la primera agencia de publicidad. Es cierto que en periodismo los límites entre géneros están cada vez más difusos, pero, ¿no sabemos acaso cuál es la tendencia política del periódico que leemos? ¿afrontar su lectura con ese conocimiento previo no mina significativamente los efectos de persuasión?

Puede que, después de todo, estemos cómodos en nuestro “rol” de “víctimas de los medios”. Como lo estamos en el de generación perdida, el de alternativos, el de rebeldes. Ya hace tiempo que es tendencia diferenciar entre el sistema, los medios, ellos, … y nosotros. Posicionándose siempre, claro, a favor de la segunda parte en una división que en realidad es inexistente. Porque todos vamos a bordo del mismo barco.

Quizás no se trate más que de una necesidad, esta vez sí, oculta, de que “otros” decidan por ti.

Iria Pérez Gestal

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