La barbarie como déspota en los campos gallegos

Título: Los Pazos de Ulloa

Autora: Emilia Pardo Bazán

Editorial: Alianza Editorial

Año de publicación: 1886

Esta novela publicada por primera vez en el año 1886 nace en una época marcada por la estética naturalista. La literatura pasaría a convertirse en una fuente de documentación, pues los escritos durante el último tercio del siglo XIX recogen todos los aspectos de la realidad, incluso los más nimios y crudos. La escritora actúa como una cámara fotográfica que nos va mostrando cada detalle mediante una descripción minuciosa de los hechos y objectos. El tempo de la obra es lento, en los acontecimientos más importantes la autora llega a dedicar varias páginas para describir una sola acción, así es que a la hora de describir el nacimiento de la niña, Pardo Bazán se explayó a lo largo de dos capítulos.

En esta obra predomina lo funcional, el estilo al servicio del contenido. No se busca la brillantez ni la belleza de la prosa, sino la verosimilitud de los hechos, la fuerza de la narración y la exactitud en la descripción. El lenguaje en general es homogéneo aunque en ocasiones se lleva a cabo el empleo de términos gallegos y se utilizan también expresiones coloquiales de algún sector, como términos propios de la jerga médica.

El relato de los hechos está en tercera persona, el narrador, omnisciente, nos da detalles tanto del plano físico como de los sentimientos de cada personaje e incluso en algunas ocasiones nos adelanta acontecimientos, es un narrador que conoce todo lo que va a pasar.

Emilia Pardo Bazán, con su prosa naturalista, nos permite conocer aspectos de la época de una forma generalmente objetiva y realista. No obstante, cabe destacar su intromisión en ciertas ocasiones con el fin de enjuiciar los hechos que se narran. Otro de los recursos a los que acude la autora es dar voz a sus sentimientos mediante la acción de alguno de los personajes, que se expresan adoptando un monólogo interior. Uno de los temas que  es criticado por Pardo Bazán de forma indirecta es el caciquismo como forma distorsionada e injusta de gobierno local.

La principal característica de esta corriente estética es considerar a la naturaleza como el único y absoluto principio de lo real. Hay una gran asiduidad por dar a conocer los aspectos más crudos y tremendistas de la realidad.

En Los Pazos de Ulloa se presenta una realidad desordenada y oscura, los personajes viven en un ambiente sórdido que marca la costumbre campestre. Julián, personaje principal de la obra, es enviado a este espacio natural con la intención de hacerse cargo de la administración del marqués. Así mismo, será el testigo de cada uno de los movimientos en las sombrías inmediaciones de los pazos.

El naturalismo nacido en Francia, en el último tercio del siglo XIX, de la mano de Emile Zola, se basa en la exageración de los procedimientos del realismo y en su dependencia del arte de las ciencias que comienza a difundirse por Europa a partir de 1850. Según Zola, un escritor realista es observador, mientras que un escritor naturalista se sitúa en un escalón superior, pues se encarga de observar la realidad y experimentarla.

El tema principal que trata la obra es la sordidez de los campos gallegos, que se presentan mediante una visión cruda y naturalista. La ausencia de los criterios morales y la imposición de la fuerza sobre los más débiles se podrían interpretar como una crítica promovida por la autora de la sociedad gallega de la época. Otro de los temas que trata, y que en parte tiene relación con el primero es el contraste de la vida en la aldea y en la ciudad. El machismo se presenta como un subtema que permanece a flor de piel durante toda la obra. Concretamente al final de la novela cuando el capellán vuelve al campo después de haber transcurrido diez largos años, se presenta a Perucho, niño de la casa, vestido de forma elegante según la costumbre tradicional, en contraposición encontramos a  la hija legítima, nacida en la misma casa pobremente vestida.

Pardo Bazán incluye entre las líneas de la novela la realidad electoral de la época basada en la corrupción y la injusticia. Hace una crítica del caciquismo como forma de gobierno desorganizado típico del mundo rural, pero tampoco olvida su visión en cuanto a la Iglesia, pues deja caer las malas acciones del clero para su propia satisfacción.

La moraleja de la obra de Pardo Bazán es enseñar que todo aquel que no se adapte al medio rural será un desdichado o bien acabará siendo destruido por las fuerzas de la naturaleza, aunque aquellos que sean capaces de dominar las fuerzas de la naturaleza adaptándose y conviviendo con ellas llegarán a conocer la barbarie de un sistema amoral y de una sociedad reprimida.

 

Matilde Vázquez Peón

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