La ignorancia no es la felicidad

Título: Dentro de WikiLeaks
Autor:
Daniel Domscheit-Berg
Datos:
Roca Editorial de Libros, S.L. 1ª edición: marzo de 2011
ISBN:
978-84-9918-265-0

Mendax, el Arquitecto, el Informático, la Nanny…, son nombres que recuerdan a novelas de espías, incluso de fantasía. ¿Que pueden tener en común con otros, en apariencia normales, como Jay Lim y Daniel Schmitt? Pues que todos ellos son seudónimos. Unos eran usados por Julian Assange y Daniel Domscheit-Berg, otros representan a miembros y ex miembros de WikiLeaks que por razones personales o de seguridad ocultan su identidad.

¿Qué es WikiLeaks? ¿Cómo funciona? Son las dos principales cuestiones que esperaba resolver cuando adquirí el libro, y que estuviera escrito por el principal colaborador de Julian Assange fue lo que me decidió a escogerlo por delante de otros similares. Daniel Domscheit-Berg estuvo involucrado casi desde el principio, o al menos lo estuvo en los momentos más importantes de su historia.

Dentro de WikiLeaks es una crónica en todos sus aspectos: es una narración de hechos ordenados temporalmente; comienza con el final de la historia, a modo de prólogo, para continuar desde el principio hasta el desenlace que ya conocemos; está estructurada como pirámide normal: el relato va creciendo en intensidad y contenido hasta el final.

Son básicamente lo mismo, pero yo prefiero ver el libro como un diario, casi como una confesión.

En la obra comparten protagonismo los hechos acaecidos al proyecto (así es como los miembros preferían denominar a WikiLeaks) con los sentimientos inherentes al trabajo y a la relación de Daniel con Julian. Cuando llegas al final cierras el libro con la sensación de que el objetivo de Daniel, más allá de enseñarle al mundo las entrañas de WikiLeaks, era de quitarse un peso de encima, de compartir una carga. También queda en el lector la impresión que se ha lanzado una advertencia: “¿Ves a ese hombre de la televisión? ¿El australiano rubio y pálido? Es Julian Assange, ten cuidado, desconfía de él. Es una buena persona, un hombre con principios, pero también un paranoico, un tirano y un megalómano”.

El relato se puede dividir en tres partes: Daniel se une al proyecto, Daniel trabaja para el proyecto y Daniel se desvincula del proyecto. Son las partes únicamente relacionadas con la labor de WikiLeaks. Vista desde otro prisma puede dividirse en Daniel conoce a Julian, Daniel y Julian tienen sus primeros conflictos, y finalmente Daniel y Julian terminan con su relación. Mejor dicho, Julian termina su relación con Daniel. Hay que tener clara una cosa: este libro ha sido escrito por Daniel, lo que significa que, aunque el autor reconoce sus fallos, el culpable de todos los males es Julian Assange. No podemos tomárnoslo al pie de la letra, lógicamente Julian tendrá su porpia opinión.

Sabiendo esto se puede establecer una división distinta: WikiLeaks y Julian Assange; Qué es WikiLeaks. Quien es Julian Assange. La primera parte es lo más atractivo del libro, la segunda es, desde mi punto de vista, una justificación del abandono de Daniel. Él mismo reconoce no conocer a Julian más allá de su relación con WikiLeaks. Sí, han compartido vivienda y trabajo, pero desconoce su pasado y su vida. ¿Quien ha sido antes de WikiLeaks? ¿Qué hace cuando no está con Daniel? ¿Donde vive? ¿Cómo vive? No obtendremos respuesta a estas preguntas con la lectura del libro, así que es mejor centrarse en el proyecto.

Daniel Domscheit-Berg es un técnico informático residente en Alemania. Se define a sí mismo como defensor de la libertad de información y de la transparencia en la Red. Esto le llevó a seguir habitualmente las web de ciberactivistas que publicaban información reservada de gobiernos, agencias y empresas. Algo que inevitablemente le encontró con WikiLeaks, muy desconocido en esa época (2007). La web de Assange acababa de publicar una importante cantidad de documentos sobre la prisión militar de Guantánamo que incluían, entre otros detalles, normas de comportamiento con los reclusos. Por supuesto, nada que al gobierno americano le gustase que leyeran los defensores de los derechos humanos. Daniel se registró en el chat de WikiLeaks y ofreció su colaboración, convencido de lo positivo que era para la sociedad dar a conocer toda la información posible. El mismísimo Assange se puso en contacto con él días más tarde, ofreciéndole trabajos básicos concernientes al mantenimiento técnico de la web y la organización de contenidos.

En este punto fue cuando Daniel se distinguió del resto de personas que se ofrecieron a ayudar al proyecto, que acababan conformándose con esas pequeñas tareas. Era necesario que WikiLeaks saliese a la luz, que defendiera la necesidad de su proyecto ante el mundo. Quedarse en casa publicando documentos comprometidos estaba bien, pero solo impactarían de verdad subiendo al estrado y proclamando “Soy yo. Esto es bueno y necesario. Voy a seguir haciéndolo”. Daniel convenció a Julian de presentarse en el XXIV Chaos Communication Congress (24C3) de Berin en 2007. En relación con este congreso de hackers está la aportación de Daniel: en 2007 acudieron veinte personas a la charla de WikiLeaks en un pequeño sótano del edificio donde se realizaba el congreso. Solo un año después, en diciembre de 2008, el salón de actos principal del 25C3 con capacidad para miles de personas no era lo suficientemente grande para alojar a los asistentes a su conferencia. Daniel se convirtió en el portavoz y la voz pública de WikiLeaks bajo el seudónimo de Daniel Schmitt.

Julian tenía una idea brillante, unas ambiciones enormes y el objetivo de cambiar el mundo, pero vivía en un torbellino de emociones sin control alguno. Daniel compartía sus principio y además aportó una mente fría y organizada. ¿Cómo se cambiaron mutuamente? WikiLeaks ofreció a Daniel el canal perfecto para ayudar a mejorar el mundo, para defender sus ideas de libertad en la Red. También lo convirtió (gracias sobre todo a Julian) en una suerte de “agente secreto” o incluso de conspirador. Vivían en la Red, ocultando sus actividades, trabajando con nombres falsos, viajando entre países, tratando con personas que nunca se daban a conocer…

Daniel institucionalizó WikiLeaks. Dotó al proyecto de organización tanto interna como técnica y de imagen pública. Su idea era destapar los tejemanejes del poder, sí, pero siempre atentos a la legalidad internacional y a la seguridad.

Domscheit-Berg era consciente de sus limitaciones. Quería un WikiLeaks trabajando de acuerdo a ellas. Reorganizó el esquema del proyecto. Antes de él, WikiLeaks recibía la información y la publicaba en su web don unos mínimos cambios: ligera organización de contenidos y eliminación de fuentes. Aquí estaba el primer gran inconveniente: la información solo llegaba a un reducido grupo de personas y estas ni siquiera eran capaces de entender lo que leían. En la época de Daniel el proyecto llegó a la conclusión de que ellos no podían hacerse cargo de todo el trabajo. Era necesario incluir en el juego a los medios de comunicación, a los periodistas.

Ambos se complementan perfectamente. WikiLeaks pone la información. Los medios la organizan, la dotan de contexto y la distribuyen al público de todo el mundo en un lenguaje que pueda entender. Pero, ¿por qué no acuden las fuentes directamente a los medios? Por seguridad. Si no, pensemos en el soldado Bradley Manning. Fue detenido acusado de colaborar con WikiLeaks en la publicación del vídeo Asesinato Colateral (soldados americanos disparando a miembros de la agencia Reuters). Se le quiere condenar por traición, algo que en EEUU está penado con la muerte.

Los periódicos son empresas conocidas que la mayoría de las veces conocen a sus fuentes o tienen acceso a ellas. Por lo tanto existe un alto riesgo de que las autoridades consigan localizarlas. El informante de WikiLeaks es anónimo completamente. Envía la documentación y una explicación de por qué cree que debe ser publicada. Nunca revela su nombre y desaparece tras el aporte. El proyecto no dispone de los medios técnicos para contactar con la fuente. Así, en caso de que las autoridades detengan a los miembros de WikiLeaks o requisen su material nunca podrán llegar a la fuente. No puedes delatar alguien que no conoces.

Con este nuevo esquema WikiLeaks alcanzó una popularidad y un nivel de publicación de información comprometedora nunca imaginada. Esto afectó a Julian. Según Daniel y algunos miembros de WikiLeaks la paranoia de Assange aumentó de forma drástica. Vivía bajo la constante amenaza de los servicios secretos americanos. Sus allegados en el proyecto conspiraban para quitarle el control de WikiLeaks. Su detención en Inglaterra por acoso sexual no hizo más que agravar el problema. Acusó a Daniel de difamación y de motín, algo que destrozó una relación que ya estaba muy débil por culpa de la personalidad desconfiada de Julian. Restringió su acceso al proyecto. Al final, Daniel y otros miembros tuvieron que abandonar WikiLeaks.

No se sabe que ocurrirá de ahora en adelante con WikiLeaks. Todo dependerá de Julian y de su situación. En el momento de escribir este comentario la web de Assange está cerrada por falta de fondos. Es una pena. Si algo me ha demostrado este libro es que esos proyectos son necesarios. Hay grupos que creen que la sociedad necesita ser protegida de sí misma. Creen que cierta información sensible puede perjudicar el funcionamiento de la democracia. Se contradicen a ellos mismos. En “defensa” de la democracia quieren controlar el flujo de información, quieren restringirla. Pero la democracia se basa en el poder del pueblo, en las decisiones del pueblo, y un pueblo cuanto mejor informado está mejores decisiones toma.

No, Julian, no hay nadie intocable”

Daniel Domscheit-Berg

Miguel Pérez Pérez

 

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