De la noche a la mañana, dejamos de ser insustituibles para convertimos en repugnantes invertebrados

Título: La metamorfosis
Autor: Franz Kafka
Editorial: Alianza
Año y lugar de edición: 1995, Madrid

A Gregor Samsa, comerciante de telas, le esperaba una intensa jornada de trabajo aquel día. Sin embargo, cuando se despertó, algo extraño había ocurrido: se había convertido en un repugnante ser, en un insecto.

En aquel momento, Gregor fue presa del pánico. Creyéndose dormido aún o bajo algún tipo de alucinación, salió del cuarto dispuesto a cumplir sus obligaciones.

Tal fue el espanto de su familia y de su superior al verle que Gregor se encerró en su habitación para no volver a salir jamás. Allí, entre aquellas cuatro paredes, pasó sus días como insecto, como un ser incomprendido, sintiéndose un parásito de la sociedad, de su familia, sin más compañía que la de su propia consciencia y la de su hermana, su único apoyo hasta el día de su muerte.

Tras una espantosa metamorfosis física, el protagonista experimenta, a lo largo del relato, una evolución psicológica, paralela al trato que recibe de su entorno. Comienza con un estado de incredulidad o asombro, seguido de un sentimiento de auto-desprecio, de repugnancia hacia sí mismo, hasta llegar a la resignación y tolerancia de la realidad.

Franz Kafka (Praga, 1883- Kierling, 1924) nace en el seno de una familia humilde de origen judía. Marcado por una infancia dura y a pesar de su corta vida (muere de tuberculosis a los 41 años), nos deja un amplio legado de títulos de profundo contenido filosófico y psicológico.

Esta obra, en cierto modo de carácter existencialista, es, para muchos, un paradigma exagerado de la vida y de la personalidad del autor, marcada por sus debilidades y por su acentuada sensibilidad.

Publicada en 1915, La metamorfosis recrea un sentimiento de incomprensión e inadaptación, una profunda crisis de identidad. Franz Kafka plasma en ella el aislamiento del hombre ante una sociedad autoritaria y egoísta, cargada de fuertes intereses y prejuicios. Una sociedad opresora, que reprime al individuo y a su mente, que reduce sus ideales a las cuatro paredes de un cuarto pequeño, como el de Samsa.

Cada persona ocupa un determinado lugar en el mundo. Ejerce una determinada función, no solo sentimental o emotiva, algunos intereses van más allá de lo anímico: llegan a lo material. Inesperadamente, dejamos de ser útiles, insustituibles; de la noche a la mañana nos convertimos en repugnantes invertebrados, en estorbos de la sociedad. Algo así como un Gregor Samsa.

Gregor, primogénito de los Samsa y responsable de su familia, desaparece tras su muerte sin dejar huella. Su entorno lo olvida sin dejar rastro de su presencia. Es ahora cuando su joven hermana es la protagonista:

“Mientras hablaban así, al señor y a la señora Samsa se les ocurrió casi al mismo tiempo, al ver a su hija cada vez más animada, que en los últimos tiempos, a pesar de las calamidades que habían hecho palidecer sus mejillas, se había convertido en una joven lozana y hermosa. Tornándose cada vez más silenciosos y entendiéndose casi inconscientemente con las miradas, pensaban que ya llegaba el momento de buscarle un buen marido, y para ellos fue como una confirmación de sus nuevos sueños y buenas intenciones cuando, al final de su viaje, fue la hija quien se levantó primero y estiró su cuerpo joven.”

 

Andrea Bouza Veiga

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