QUINCE DÍAS EN EL DESIERTO AMERICANO

Autor. Alexis de Tocqueville
Título: Quince días en el desierto americano
Lugar de edción: Madrid
Año: 2007
Editorial: Libros del Zorzal

El primero y legítimo dueño del continente americano, se deshace día a día como la nieve bajo los rayos del sol y, a la vista de todos, desaparece de la faz de la tierra. En sus propias tierras, y usurpando su lugar, otra raza se desarrolla con rapidez aun mayor; arrasa los bosques y seca los pantanos; lagos grandes como mares y ríos inmensos se oponen vanamente a su marcha triunfal.

En este libro Tocqueville hace un recorrido en sus propias carnes por las poblaciones europeas de las fronteras de USA y de las tribus indias mismas, para consolidar una idea más justa y honorable sobre los primeros habitantes de América que la que tienen los colonos.

“Dios al negar a sus primeros habitantes la facultad de civilizarse, los ha destinado de antemano a una destrucción inevitable. Los verdaderos dueños de este continente son aquellos que saben sacar partido de sus riquezas”

Un sentimiento, por desgracia , general en el corazón de esa sociedad tan civilizada, pedante de moralidad y virtud, en la que se oculta una sensibilidad total, una suerte de egoísmo frío e implacable en todo lo referente a los indígenas. El abuso armado ofrecido por los colonos no es el único aliciente a la denuncia que intenta hacer Tocqueville; tal como dicen entrevistados durante el viaje, el contagio de los vicios occidentales irrumpe en la diferente cultura india, destruyendo su modo de vida e incluso sus propias vidas en infinitas ocasiones. La sociedad norteamericana presenta un cuadro con un sugestivo emblema donde todo es contrastado, imprevisto. En todas partes conviven, y en cierto modo se enfrentan, la civilización extrema y la naturaleza abandonada a sí misma.

Lo que Tocqueville se esperaba encontrar en su viaje fue, cuanto menos, inadecuado con respecto a la idea que llevaba preconcebida de que Norteamérica constituiría un reflejo de la historia de la humanidad y las transformaciones del estado social, contenido en unos pocos grados de longitud.

Sin embargo a medida que los viajeros avanzan hacia lo más profundo del desierto americano, en uno de los parajes más pintorescos, descubren el lado más salvaje de la relación entre hombre y naturaleza. Descubren que a pesar de la destrucción
descontrolada y continuada del complejo físico de los bosques, existen lugares refugiados de la incívica influencia de la civilización colona.

“¡Oh! Nadie es más feliz que un indio en aquellos lugares donde aún no hemos espantado a las presas de caza. Pero los animales grandes nos huelen a más de trescientas millas; y al retirarse, dejan a nuestro alrededor un desierto en el que los pobres indios no pueden seguir viviendo sin cultivar la tierra”

Es en esta cultura donde Tocqueville se sorprende y halla la honestidad primitiva y la simplicidad de las costumbres patriarcales que no encontró en la extrema avidez de ganancias de los pioneros norteamericanos a lo largo de su recorrido hacia la más profunda selva virgen.

Como pionero en sus estudios sociológicos, Tocqueville descubre a modo de crónica de viajes los orígenes de la sociedad mestiza y multicultural en la que se han convertido los estados colonizados del norte de América.

“En pocos años, estos bosques impenetrables habrían sido derribados. El ruido de la civilización y la industria romperá el silencio del Saginaw. Su eco enmudecerá… los muelles aprisionarán sus orillas; las aguas que hoy fluyen ignoradas y tranquilas a través de un desierto sin nombre serán invadidas por la proa de los barcos. Cincuenta leguas separan todavía estas soledades de los grandes establecimientos europeos, y quizá nosotros seamos los últimos viajeros a quienes haya sido dado contemplarlas en su primitivo esplendor, tan poderoso es el impulso que lleva a la raza blanca hacia la plena conquista de un nuevo mundo”.

Nazaret Pérez Dacosta

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