Sombras y claros de Italia

Título: El caso Moro.

Autor: Leonardo Sciascia.

Editorial: Tusquets editores.

Lugar y año de impresión: España, 2010.

Aldo Moro, presidente del partido político italiano Democracia Cristiana, fue
secuestrado por las brigadas rojas el 16 de marzo de 1978 en Roma. Tras la falta de
negociaciones y tras no cumplirse las exigencias de los secuestradores, su cuerpo fue
hallado sin vida el 9 de mayo de ese mismo año.

Creía Bayle que una república de buenos cristianos no podía durar. Y Montesquieu
corregía: “una república de buenos cristianos no puede existir”. Pero una república de
buenos católicos italianos puede existir y durar. Así.

Esta es una de las múltiples críticas que Sciascia hace en “El caso Moro” tanto a la
sociedad cristiana italiana, como al partido de Aldo Moro, por su forma de enfrentarse
al secuestro. El grupo terrorista que retuvo al político italiano transmitía sus exigencias
al resto de la sociedad a través de comunicados, que aparecen reflejados en el libro,
al igual que las cartas que Aldo escribía desde su prisión y que se hacían públicas
normalmente a través de periódicos; Leonardo dedica gran parte de los capítulos
al análisis de estas cartas. Entre el 16 de marzo y el 9 de mayo de 1978 el líder de
Democracia Cristiana estuvo recluido en lo que las brigadas rojas denominaban “cárcel
del pueblo”, distintas en su opinión a las cárceles del SIM (estado imperialista de las
multinacionales). Sciascia nos explica que la filosofía de estas prisiones se basaba en
que el secuestrado debía seguir siendo él mismo ya que lo que querían era analizarlo, no
cambiar su identidad política.

Las brigadas rojas asesinaron a sus cinco escoltas antes de secuestrar al político. Esa
mañana del 16 de marzo Aldo se dirigía al congreso italiano para ratificar la coalición
del gobierno formada por su partido y el partido comunista. Estos asesinatos fueron
uno de los argumentos principales en los que se apoyó la política italiana para no
negociar la liberación de Moro. A cambio de esta liberación y de que no se ejecute
al secuestrado, las brigadas exigían, además, la excarcelación de trece presos de su
banda terrorista. A partir de aquí se abre un debate en toda Italia ¿se debe negociar con
terroristas para salvar otra vida? Sciascia deja claro que antes de este suceso Aldo Moro
siempre defendió que sí, por su ideología cristiana. En sus cartas él también recuerda
cómo nunca tuvo la intención de ser el presidente del gobierno, cargo que se dirigía a

consolidar esa mañana; y cómo fueron algunos de sus compañeros de partido los que lo
convencieron a base de insistir. Es decir, Aldo Moro deja claro que no estaría ahí de no
ser porque se sacrificó por Democracia cristiana. Es por ello por lo que el secuestrado
critica tanto a su partido cuando éste le da la espalda, así como a la sociedad italiana
cuando nadie parece manifestarse a favor de la negociación, cuando hasta el Papa Pablo
IV se pronuncia en contra.

El autor de “El caso Moro” considera que se utilizó el secuestro del político y la
postura firme contra la negociación como elemento para reforzar la idea de estado,
olvidando incluso las propias creencias del partido. Un estado que Sciascia considera
una continuación de la Italia fascista por otros medios. El escritor italiano también
hace mención en su libro a otra de las corrientes políticas implicadas en el caso: el
stalinismo. Habla de la existencia de dos stalinismos en el caso Moro: el declarado,
el violento de las Brigadas rojas, que mata a los servidores del SIM sin juzgarlos ,y a
los dirigentes juzgándolos; y por otra parte el solapado, que borra de las personas y los
hechos lo que antes había para reescribir lo que conviene en el momento.

Son muchas las críticas que Sciascia hace en el libro. En primer lugar al gobierno del
momento, del que dice a raíz de un comunicado falso enviado por los secuestradores:
“…si pudiéramos creer por algún momento que el Ministerio de Interior es capaz de
alguna iniciativa. Porque lo cierto es que el “falso” comunicado podía ser una idea lo
mismo de las Brigadas Rojas que del gobierno…, suponiendo que el gobierno pudiera
tener ideas”. En segundo lugar, basándose en el informe sobre el caso adjuntado
en el libro, critica la ineficiencia de la policía italiana a la hora de reaccionar ante
oportunidades que podrían haber salvado la vida de Aldo Moro. Y utiliza esto para
hacer una crítica clara a la sociedad y al estado italiano: “De una institución que no
funciona, de un hospital en que lo tratan a uno mal o no hay sitio, de un tren que
se retrasa, de un avión que no parte, de una fiesta que fracasa, el italiano siempre
dice lo mismo: <<cose nostre!>>. Sin embargo, una cosa al menos hay que funciona:
precisamente la que por antonomasia llamamos Cosa nostra.”

Frases como éstas representan la esencia de Leonardo Sciascia, que nunca dudó a
la hora de dar su opinión en sus libros, así como de sacar a la luz temas que su país
prefería no tocar, temas cuya existencia fingían desconocer políticos, empresarios
y personas de relevancia de Italia. En este sentido existe cierta similitud con Aldo
Moro, que en sus cartas no dudó en enfrentarse a toda una sociedad que se quedaba
de brazos cruzados mientras su tiempo expiraba; Aldo Moro compara no evitar su
ejecución con condenarlo a muerte, ley que no estaba vigente desde la Italia fascista.

Agueda Rodríguez

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