La noticia en el tiempo… y la historia.

Título: 1984

Autor: George Orwell

Editorial: Destino

Año: 2010

 

La historia. Siempre se cree que es el conocimiento más puro y objetivo que podemos tener. Al fin y al cabo, son sucesos que ya han pasado, por lo que es difícil que se nos engañe acerca de ello. En 1984, donde se tratan una multitud de temas tan grande que es imposible hablar de todos ellos, uno de los aspectos más destacados es la historia, y me centraré en ella.

“Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado”.Esta máxima se nos presenta en los inicios del libro; es la base, junto con otras normas, de todo el sistema distópico que Orwell crea. El periodismo es el encargado de controlar el presente, ayudando a controlar el pasado, y así, el futuro.

El protagonista tiene como función modificar las hemerotecas oficiales, con el fin de depurar las noticias: Eliminar personas asesinadas, cambiar el enemigo de una guerra, modificar los años de un suceso… Del mismo modo, los medios de comunicación –telepantallas, periódicos- se encargan de difundir datos que en su mayor parte son falsos, engañando así a la población para hacerle creer que todo mejora. Si se dice que la producción ha aumentado un 30%, no habrá ningún documento que lo contradiga.

El periodismo actual, si bien no es orwelliano, si cumple una función opiácea, desviando temas, sometiéndose al poder y dejando que los políticos hagan de un periódico o medio su patio de casa. La prensa es escenario diario de enfrentamientos políticos, donde los diferentes diputados y senadores se lanzan acusaciones, “globo-sondas”y otros tipos de desinformación. El periodista se aleja de su función social, se aleja de su cometido de informar y explicar para ceder su pluma a intereses externos, sean políticos o económicos.

Los periodistas son historiadores, sin saberlo. Orwell dijo un día sobre la Guerra Civil Española:

 

Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. (…) En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido». (…) Estas cosas me parecen aterradoras, porque me hacen creer que incluso la idea de verdad objetiva está desapareciendo del mundo. A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia. ¿Cómo se escribirá la historia de la Guerra Civil Española? (…) Sin embargo, es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad. (…) El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido; si dice que dos y dos son cinco, dos y dos serán cinco. Esta perspectiva me asusta mucho más que las bombas, y después de las experiencias de los últimos años no es una conjetura hecha a tontas y a locas.

Esta afirmación, que quizás pueda parecer exagerada, no está exenta de verdades. A día de hoy, hay decenas de autores que tienen perspectivas totalmente opuestas sobre lo que fue la Guerra Civil, nunca se plantea la búsqueda de una verdad histórica, sino que aceptamos, sin rechistar, lo que se nos ofrece.

La figura del periodismo pierde credibilidad a pasos demasiado grandes. Normal. La gente ya no se fía de medios que son incapaces de reproducir los sucesos tal y como son, libres de opiniones. El maniqueísmo se impone diariamente con un fin placebo, creer que tenemos un sistema libre. Kapuściński escribió en su día Los cínicos no sirven para este oficio, dejó registradas citas que son aplicables a día de hoy “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. Pocos periodistas se atreven a día de hoy a seguir denunciando mafias, corrupción y mentiras. El Watergate se estudiará por siempre en las Facultades de Periodismo, pero no volverá a repetirse. No por ahora.

La responsabilidad del periodista es tan grande que no puede explicarse en un trabajo de dos páginas. La fuerza de lo que escribimos reside en la veracidad de lo que contamos. Es el deber de informar, de explicar a la sociedad lo que sucede. La perversión de nuestra pluma es una aberración inconcebible. Algún día, nuestras publicaciones serán tratadas por un historiador para poder escribir la historia de nuestro país, del mundo. Todas las mentiras que hayamos contado, o las verdades que hayamos ocultado, quedarán registradas por siempre y serán estudiadas.

Tengo miedo de un mundo dónde el hombre pierda su libertad. Tengo miedo de un mundo dónde el periodista se vea privado de la suficiente fuerza como para luchar en contra de ideales, opiniones y dinero.

Jorge Bravo Fernández

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