LA DOCTRINA PERIODÍSTICA Y SU NECESARIO PERIODISMO RESPONSABLE

    TÍTULO: Apuntes para una reflexión sobre la profesión periodística y el oficio de escribir

    AUTOR: Ubaldo de Casanova y Todolí

    EDITORIAL: Amarú Ediciones

    AÑO DE EDICIÓN: 2005

    LUGAR DE EDICIÓN: España

El autor aboga por la confrontación entre los dos bandos profesionales de la dialéctica: periodistas y políticos. Unos no deben morder la manzana que incita al descalabro de la honestidad y los otros no deberían realizar semejantes adaptaciones infieles de las antiguas comedias. Una se puede paliar, la otra no; las actuaciones son exclusivas del género en cuestión. No por intentar desempeñar el personaje de justiciero implacable, el periodista  va a desvirtuar el mensaje del político. Esa no es su misión. Se debe entender la época y los cambios que se experimentan. Las distancias se diluyen en el tiempo. Las maniobras de aproximación o alejamiento deben regirse por unos confines claramente asumibles por ambas partes. Confabularse y perseguir no es legítimo en un periodista. Su cometido lo debe ejercer desde la honradez y profesionalidad. Ya es tradición que la dualidad información-poder político sobreviva en un mar incierto de arenas movedizas. En él encontramos sugestivas miradas -en legítima defensa- que cada quien hace  de sus propósitos e intereses sombríos.

El tercer presidente de los Estados Unidos de América, Thomas Jefferson, no concibe un gobierno sin periódicos; en su lugar, se decanta por la inexistencia del primero y el predominio del segundo. Evitando el recuerdo de su reconocida antipatía hacia la prensa, enunció una reflexión serena muy sintética del labor periodístico: “las verdades, probabilidades, posibilidades y mentiras, se consolidan de mayor a menor medida como los cuatro eslabones intrínsecos de la prensa vetusta”. Precisamente, el menor de los papeles desempeñados por los diarios, debería ser el prioritario a realizar en una sociedad democrática. Su única función es proporcionarle al lector la verdad de la forma más cercana posible.

La simple transcripción del testimonio de un personaje público, no otorga mayor veracidad informativa al medio difusor. Todo periodista debe picar en el ambiente situacional, procurando el motivo del acontecimiento sin aventurarse a conjeturar; una fórmula tan manida como el supuesto cinismo legalizado al que nos tienen acostumbrados las afabilidades políticas.  De esta forma, Ubaldo de Casanova promueve que la prensa debe traspasar la “superficie plana” de la política, atravesando la fachada pública que se desviven en mostrarle a la comunidad. En su lugar, debería ofrecerse una certeza profunda de lo que se oculta tras el escenario prefabricado sobre el que se arma la función teatral. La misión es esclarecer la verdad. Siempre que una verdad atraviesa el cuarto oscuro del silencio y se cierne en la claridad del conocimiento público, se dignifica la función social de los medios de comunicación.

Los comunicólogos tienen en su haber el desempeño -aunque árduo- de la contextualización hacia los ciudadanos, esto incluye: destapar la falsedad, evitar la corrupción y garantizar un consenso de libertades. Ésta es la misión asumida por los medios de comunicación. Conviene que lo ejecuten desde los principios democráticos y en aras del progreso social. Esa labor debe hacerse con vocación de servicio público, para así aportar a la comunidad una mayor comprensión de las actuaciones que se dan en su entorno y época. El poder de los medios reside en la sabiduría del pueblo, de los individuos. Que la gente pueda entender los sucesos, y en consecuencia, actuar, ésa es la base de la que parte el ejercicio periodístico.

En el periodismo español, distinguimos dos villanos por excelencia: la carencia de una tertulia seria sobre la libertad de expresión, en aras de su correcto ejercicio con responsabilidad, y el sensacionalismo imperante en la mayor parte de la prensa escrita; todo ello, en detrimento de la profesión y el tratamiento inteligente de la información. Este último, destaca especialmente por la primacía de la espectacularización frente al reflejo de la realidad. El escándalo se convierte en el único objetivo como respuesta a la demanda del público; una excusa bastante corriente y que en su justa medida, justifica su elevada venta de ejemplares.

En el régimen democrático que estamos inmersos, los diversos medios informativos tienen el derecho y posibilidad de equivocarse. Sin embargo, ese derecho pierde credibilidad y entendimiento cuando se persevera en su uso con demasía. La publicación de cualquier dato que persiga únicamente acaparar audiencia o interés, supone un rechazo al ejercicio del correcto periodismo, además de una objeción a la añorada libertad de expresión.

NÉSTOR AMORÍN

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