La gran pasión mundial

Autor: Juan Villoro
Título: Dios es redondo
Lugar de edición: México
Año de edición: 2006
Editorial: Planeta

Juan Villoro es un escritor y periodista mexicano conocido en los últimos tiempos como un intelectual en México, España y toda Latinoamérica. Ha escrito sobre diversos temas como deportes, rock y cine. Aunque destacó en estos temas como novelista, su mayor éxito le ha llegado por sus cuentos infantiles, ámbito en el que tiene un mayor repertorio. Como periodista deportivo ha sido cronista en numerosos eventos como el Mundial de Italia 90, Francia 98, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. Fue profesor de la Universidad Autónoma de México y profesor invitado de las Universidades de Yale, Boston, Princeton y Pompeu i Fabra. Desde 1988 ha recibido numerosos premios debido a sus novelas y cuentos, incluído el Premio Herralde de Novela de Barcelona por su obra El Testigo. Actualmente es columnista del diario Reforma.

En 2006, Juan Villoro, conocido como “el crack de la literatura futbolística mundial”, escribe Dios es Redondo, una crónica y un ensayo que relata historias sobre la “religión” más mayoritaria del mundo: El fútbol. Esta divertida obra que nos relata Villoro no solo está escrita para un público forofo del fútbol, sino que puede cautivar tanto a curiosos como a enemigos del deporte rey, que sientan curiosidad por las causas que provocan que la afición coree el nombre de su equipo cada fin de semana en los estadios. Debido a su presencia como corresponsal en distintos mundiales, su experiencia a pie de campo nos brinda unas descripciones y relatos que nos transportan al propio terreno de juego.

El tema principal de la obra es la celebración de las mayores fiestas del fútbol: Los Mundiales. Todos sabemos que cada domingo podemos encontrarnos con un partido aburrido y que todo el mundo se alegra más o menos del comienzo de la liga o de otros trofeos, pero la euforia que despierta la celebración de un Mundial de fútbol es inigualable. Tal vez sea que se celebra cada cuatro años o que en él se concentran los mejores jugadores del mundo, pero lo que todos sabemos es que la Copa del Mundo es una manera de ritualizar la pasión por el fútbol, de disfrutar de las hazañas de los jugadores y concentrar la fiesta y el gusto por el juego. Según Villoro, un Mundial no nos garantiza espectáculo, habiendo Mundiales muy malos como Italia 90, pero si nos permite dividir el fútbol en eras. En esta parte hace una mención especial a uno de los jugadores más grandes de todos los tiempos: Diego Armando Maradona.

Con este título lleno de ironía, Villoro quiere hacernos entender el sistema de creencias de los aficionados, sin llegar a comparar el fútbol con las religiones oficiales obviamente. Con esta obra se trata de indagar por qué el fútbol atrae a tanta gente, por qué les interesa, por qué otros lo aborrecen. Para entender una sociedad hay que entender la manera con la que se divierten, se apasionan, eso es el fútbol. Apuntemos que actualmente la FIFA tiene más miembros que la ONU.
Supersticiones, llantos, emblemas, símbolos, un gol en el tiempo de descuento, un penalti parado en el último minuto, un gol al equipo rival, eso es la esencia del fútbol, lo que lo hace verdaderamente grande.

Además de hablar de fútbol a nivel de selecciones también hace un ligero repaso por el fútbol español y europeo remarcando sus glorias y sus despilfarros. Fuera del deporte en si, nos enseña un claro ejemplo del arte de la conversación con Jorge Valdano, ex-jugador, ex-entrenador y ex-directivo del Real Madrid. Valdano siempre ha sido conocido por su gusto en el diálogo y en sus buenas formas, demostradas tanto fuera como dentro del terreno de juego.

Además de esto en la obra aparecen numerosas frases curiosas que hacen que uno reflexione sobre este deporte de masas:

“La principal estadística de un jugador es el dinero que costó ficharlo”.

“La pelota reclama afecto. Si es pateada con pasión, el tiro acabará en las redes. Si es pateada con angustia o despecho, acabará junto a un vendedor de cervezas”.

“El futbol concede la gloria sin pasar por la justicia. El árbitro anula prodigios o avala infamias sin otro apoyo que su miopía, su incomprensión o su descarada mala leche”.

Y es que una Selección Nacional es lo único que puede unir a un país.

Mateo Codesido

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