“El arca de Noé inspeccionada en un puerto alemán” de Mark Twain

Título: El arca de Noé inspeccionada en un puerto alemán

Autor: Mark Twain

Editorial: Ediciones Ercilla

 

 

Libro del famoso escritor y periodista estadounidense Mark Twain que, fiel a su estilo, se encuentra cargado de humor e ironía. En El arca de Noé inspeccionada en un puerto alemán, se nos cuentan las numerosas dificultades por las que, el personaje religioso Noé, pasaría si quisiera llevar a cabo su misión de transportar durante un año a una pareja de animales de cada especie, con el fin de que no desaparecieran por el diluvio universal provocado por Dios.

La obra se sitúa en un puerto Alemán, concretamente en la ciudad de Bremen donde el propio protagonista, Noé, se dispone a arrancar su misión con el barco lleno de animales, antes de que esto suceda un férreo y uniformado inspector alemán trata de conseguir el cumplimiento de sus deberes oficiales.

Una vez haberle realizado las preguntas básicas sobre su persona, es decir, nombre, edad, lugar de nacimiento…procedería a visitar el arca realizando diferentes cuestiones básicas sobre ella, como por ejemplo, la longitud, la altura, el material de construcción, los pasajeros…Una vez comprobado que el “pobre” hombre cuenta con mas de quinientos años, el estricto inspector es cuando empieza con sus numerosas pegas para prohibir que el barco consiga salir del puerto.

Que si son necesarios médicos, enfermeras, camareros, jaulas para los animales, servicios de desalinización de agua, capitanes de navegación, cocineros, refuerzos de metal para ambos costados del barco, servicios de ventilación, alumbrados eléctricos, motor de vapor, timón, lanchas de salvamiento entre muchas otras cosas…. Ante esto y la desinformación de Noé ajeno a toda esa tecnología y todas aquellas cosas pedidas por el inspector, el patriarca se limita a decir que solo necesita salir para mantenerse a flote durante un año de diluvio y así mantener a las especies animales, lo cual es tomado, como no podía ser de otra manera, a broma por el inspector que, tomándolo como a un desviado mental, le considera creador de una gran obra de carácter extraordinario deseándole suerte en su marcha.

Manuel Domínguez Rodríguez

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