El Arte de lo Efímero

ImageAutor: Grupo de Análisis de la Comunicación  (Raúl Eguizábal, Rodrigo González, María Isabel Martín, María Cruz Alvarado, Susana de Andrés, Rocío Collado)

Título: Moda, comunicación y sociedad.

Lugar de edición: Sevilla (España)

Año de edición: 2008

Editorial: Comunicación Social Ediciones y Publicaciones

 

En uno de los primeros capítulos del libro, el autor afirma que “los modistos me resultan vulgares. Ellos no  son importantes; lo importante es, por supuesto, la gente”. Partiendo de esta premisa, es comprensible que en el resto de capítulos los autores planteen la moda como un objeto de consumo. Especial, sí, pero sólo sujeto de estudio por parte de publicistas y expertos en relaciones públicas. Pero esto no es del todo preciso.

Tampoco es algo casual, ajeno a la lógica de la razón ni mucho menos aleatorio.

La moda es caduca, efímera, pero no son los caprichos de la gente lo que decide qué “se lleva”. Las tendencias son una muestra de lo que sucede en el mundo, reflejan movimientos políticos, movimientos artísticos, sentimientos. Pero las posibles fuentes de inspiración son infinitas: sólo basta pensar en el número de películas que vemos cada año, la cantidad de música que escuchamos y cuántas mujeres bellísimas y elegantes entran en nuestras casas cada día a través de las revistas o el televisor.

Sin embargo, fue el pintaúñas que llevaba Uma Thurman en Pulp Fiction y no otro el que desató la locura por este objeto de cosmética, usurpando el liderato que las barras de labios habían ostentado durante décadas. Los Beatles quienes popularizaron la estética mod. También Michael Jackson causó, con su muerte prematura, una –hace años impensable- vuelta al ruedo de las hombreras. Pero quizás el caso más significativo es el de esas mujeres que llamamos musas. Las hay a cientos y muchos de sus nombres ni nos suenan. Pero lo cierto es que si tantas adolescentes pasearon aquel bolso rígido de asa corta por el que habían pagado al rededor de veinte euros en Blanco, es porque un día, hace ya tiempo, una muchacha británica llamada Jane Birkin comentó a su compañero de asiento en un avión que sus bolsos no eran lo suficientemente grandes para llevar de un lado a otro los biberones de su hija.

 

Y son precisamente los líderes de esta industria, a los que nuestro autor quita importancia, los que decidieron en su momento que fueran esos y no otros los artículos o estéticas las que se convirtieran en tendencia. Son ellos, todavía hoy, quienes, a través de las portadas de sus revistas, las personas a quienes invitan a sus desfiles, y la ropa que combinan en los editoriales que producen, deciden en última instancia desde el abrigo a la ropa interior que tú, lector o lectora, llevas puesto, no importa cuánto hayas gastado al comprarlo.

Por lo tanto, que de repente muchas volviéramos a llevar diademas hace un par de años o Zara se llenase de lentejuelas no fue cosa del azar y, por supuesto, tampoco algo que la “gente” decidiese. Hay algo que inspira a un  modisto, que lo lleva a las pasarelas en forma de prendas y complementos, que más tarde son elegidas por un director de una revista –digamos mejor, la directora de Vogue USA– y, eventualmente, copiado por una cadena de bajo coste y popularizado. Nunca al revés (algunas personas comienzan a llevar un complemento determinado, y entonces se hace popular), por mucho que los defensores de las ego-bloggers se empeñen en afirmarlo.

 

“La moda no existe sólo en los vestidos. La moda está en el cielo, en la calle, la moda tiene que ver con ideas, la forma en que vivimos, lo que está sucediendo.” Gabrielle “Coco” Chanel

Por otra parte, como ya se ha dicho, tampoco es solo de una cuestión de consumo, o publicidad. Ciertos sectores se creen ajenos a la moda, porque no se trata, dicen, más que cosa de gente pudiente o creaciones estrafalarias de locos diseñadores.

Pero es que este imperio de lo efímero, como tan acertadamente lo denominaba Lipovetsky  es mucho más que eso. La moda es quizás uno de los artes más completos que existen. Porque las firmas más importantes desfilan hasta seis veces al año. Seis colecciones, decenas de conjuntos diferentes. Inspirados en estrellas del cine mudo, en cuadros de grandes autores, y muchas, la mayoría, obras de arte en sí mismos. Poesía de proporciones y pinceladas de colores extraordinarios para crear las más hermosas melodías que hoy conviven con Mirós y Rodins en los museos y fueron protagonistas absolutas en la exposición que más gente visitó en las últimas décadas en el Museum of Modern Art de Nueva York.

 

Es ropa, sí, pero también es cultura, y aspiraciones e historia de nuestra era, y, en realidad, de todas las eras. Es el arte más democrático de todos, el que podemos llevar puesto y con el que todos podemos aspirar a expresarnos aunque algunos soñemos, además, con ganarnos la vida con ello.

 

Iria Pérez

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