El Comunismo Maoísta, los pilares de una utopía

Título: Apocalipsis Mao

Autor: Claudie y Jacques Broyelle

Editorial: Planeta ( colección Documento)

Año de edición: 1982

Lugar de edición: Barcelona

Mao escribió : Tan solo el socialismo puede salvar China. En cambio, la pregunta que nos hacen los periodistas Claudie y Jacques Broyelle en su libro es: “¿China podría salvarse del socialismo?”

Después de la lectura de Apocalipsis Mao, decidí informarme un poco sobre el estado actual en el país asiático. Desde luego, China dio un giro Copérnico en cuanto a progreso económico.  Actualmente se puede hablar de una competencia abrumadora  con E.E.U.U. para convertirse en la primera potencia económica mundial.  A partir de 1976, tras la muerte de Mao, lo sucedió Hua Guofeng, quien quería volver a la economía de estilo soviético de mediados de 1950. Su gobierno elaboró un plan que se centraba en la industria pesada, la energía y la construcción de capital, mientras, las escuelas volvían a abrir sus puertas. Se dieron cuenta de que  una economía socialista era compatible con una idea de mercado planificada. Además, su ingreso en la Organización Mundial del Comercio, convirtió al país en un motor de las economías asiáticas. El famoso “made in China” incorpora a su mercado un sinfín de productos que tendrán una demanda internacional: muebles, juguetes, móviles, televisores, ordenadores, automóviles, calzado y ropa, etc.

En cuanto al tema industrial, cuenta con una gran producción de carbón, cobre, aluminio, acero y cemento. Su gran peso en la economía mundial es fundamental para el desarrollo de las demás economías, como productor y consumidor a gran escala.[1]

Pero para llegar a esta situación, la población de China tuvo que sufrir el legado que les dejó su líder Mao Tse Tung en su lecho de muerte. Un legado de TERROR, HAMBRE y SACRIFICIO DE LA JUVENTUD.

El Partido reveló datos prohibidos hasta el momento por aquel que fuera un dios, un gigante que nunca debió morir. Decidieron revelar las verdades del régimen maoísta para remontar la economía del país, admitiendo el miedo y cobardía que tuvieron para no enfrentarse a las atrocidades cometidas en “Honor al socialismo” de la mano de Mao y sus fieles seguidores.

Liu Shao-chí, He Long, Peng Te-huai, Chu En-Lai…estos son solo algunos de los nombres de populares socialistas que se atrevieron a enfrentarse al poder del magnate, poniendo en juego su vida. Pero no solo fueron ellos víctimas del terror de Mao, cien millones de chinos corrieron la misma suerte. Historias como la de la enfermera Wu, que fue encerrada con las muñecas atadas por una cuerda colgada en el techo, solo por el simple hecho de mantener correspondencia con sus padres que vivían en Hong Kong. O un taxista llamado Po Zhun, que fue encerrado durante cuatro días en una cabaña a las afueras de la ciudad junto a un cadáver en descomposición, solo por escuchar un cursillo de inglés de la BBC en su vehículo. No más triste es la historia de un niño mogol, que soltó unas ocurrencias traviesas sobre el presidente. El niño fue detenido y encarcelado, pero debido a su corta edad, fue la abuela quién sufrió la condena.

Durante años, éste fue el calvario de millones de personas, que aunque se desconozcan sus nombres, fueron también víctimas que sufrieron las mayores vejaciones, agonizando y  rindiéndose a la muerte. Todo por ser sospechosos de no rendir tributo al presidente Mao ni homenaje a su libro rojo.

La Revolución Cultural apareció para que la verdad sobre lo ocurrido nunca saliera a la luz. Los medios y la propaganda dominaban todo el territorio chino. Mientras el antiguo ministro de Defensa Peng Thuai se arrastraba por los suelos de su celda con los miembros inferiores paralizados y apenas sin fuerza para moverse hacia los barrotes de lo que fue su hogar durante años, los medios publicaban: “En residencia vigilada, bien alojado y bien alimentado, el mariscal Peng Thuai se dedica cada mañana a una pequeña sesión de taijiquan.”

Como en cualquier fascismo, la cultura y más la que provenía de Occidente, fue prohibida. Lo poco que quedaba sobre ideas democráticas se incendió dentro de los libros. Millones de jóvenes se quedaron sin escolarizar y la cifra de analfabetos aumentó hasta los 120 millones. La economía sufrió durante diez largos años con cincuenta millones de personas en el paro.

Lo que fue “El gran Salto hacia Adelante” también llevó a la catástrofe. 20 millones de muertos y tres años de hambre. Mao no era económico, ese fue el gran problema que se debatió en China durante años. No existía ninguna ley de mercados ni ninguna rentabilidad económica. La política lo dirigía todo, cada decisión era tomada por el Partido. Con el “gran Salto hacia Adelante”, Mao vio un atajo para llegar al núcleo de lo que él hacía llamar comunismo. Obligó a que los hombres abandonaran los campos para trabajar en las fábricas de acero. El relevo de los campos lo cogieron las mujeres, ancianos y niños; pero la tierra era devastada para conseguir madera , necesaria para hacer funcionar la maquinaria de las industrias de acero.

Hacer la revolución y fomentar la producción.”  Ésta es una de las frases que impuso en su liderazgo el comunista chino. Pero, su revolución no fue una cena de gala precisamente, y el pueblo chino tuvo que sufrir muchas calamidades y desventuras antes de convertirse en lo que es hoy.  Apocalipsis Mao muestra esa verdad, puesta en las vivencias de algunas de las cien millones de víctimas que hubo durante su mandato. Diez años de terror y guerra inundaron China, dejándola en ruinas tras la muerte de Mao. Y sobre esas ruinas y todos los libros rojos que enterraron, la población china fue capaz de construir los cimientos de nuevos rascacielos y empresas que despuntan cara al cielo.

Sandra Rego


[1] Información sacada de las siguientes páginas web:

a) http://www.econlink.com.ar/economia-china

b) Rodríguez Asien, E.: ” Situación Actual de China” en Observatorio de la Economía y la Sociedad de China Nº 02, marzo 2007. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/rev/china/

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