Manual para periodistas jóvenes: los consejos de un europeo de serie B y sin recursos

Autor: Ryszard Kapuściński

Título: Los cínicos no sirven para este oficio

Editorial, Lugar y Año de edición: Anagrama, Barcelona, 2010

Tags: Periodismo, No ficción

El título del manual que el lector tiene ante sus ojos puede despertar cierta desconfianza hacia el mismo. Debería provocar lo contrario. Para la periodista italiana Maria Nodotti, ser “europeo de serie B” y encima, sin medios, es un factor a favor de alguien que intenta hacer buen periodismo. Si a estas condiciones se suman el nombre y el espíritu de Ryszard Kapuściński, el éxito periodístico está asegurado. Él es el creador de su propio mote “europeo de serie B” (en su caso, polaco). También es periodista, por vocación, desde los dieciocho años. En cuanto el comunismo polaco lo permitió, salió al mundo de corresponsal. Su primer viaje largo lo hizo con veinticuatro años, en el año 1956. Recorrió la India, Pakistán y Afganistán. Comenzaba a especializarse en darles voz a los pobres. Casi cincuenta años y miles de reportajes después, se publica Los cínicos no sirven para este oficio: Sobre el buen periodismo, libro editado por Maria Nodotti y en el que se basa este manual. El entonces joven periodista necesitado de recursos es actualmente admirado por periodistas en todo el mundo, y estudiado por futuros periodistas con ganas de cambiar el mundo.

Según observa Maria Nodotti, las malas condiciones materiales de las que partió Kapuściński en sus primeros viajes al extranjero fueron precisamente una de las claves de su éxito periodístico. No tener medios no facilitó (más bien complicó) los aspectos técnicos de su trabajo. Pero sí hizo más fácil la integración de Kapuściński en aquellos países del llamado Tercer Mundo que iba retratando a petición del periódico para el que trabajara en ese momento (él no se podía permitir ser un free-lance). Es decir, el entorno y circunstancias del que venía Kapuściński -de Europa, sí, pero no del todo- facilitaron la empatía entre el escritor, y sus fuentes. Quizás le hicieron más sensible a los padecimientos ajenos, que por otro lado, gran parte de la población ignora. “Cuando empecé a escribir sobre estos países [del tercer mundo], donde la mayoría de la población vive en la pobreza, me di cuenta de que aquél era el tema al que quería dedicarme. Escribía, por otro lado, también por algunas razones éticas: sobre todo porque los pobres suelen ser silenciosos.” Pero Kapuściński tiene aún otra ambición: “Mi intención es sobre todo la de mostrar a todos nosotros, los europeos, que Europa, o, mejor dicho, una parte de la misma, no es lo único que existe en el mundo.” Esta afirmación es especialmente certera, como bien lo sabe el periodista polaco, en un mundo globalizado como el nuestro, donde todos sus habitantes nos influimos mutuamente, aún sin darnos cuenta de ello.

La influencia de unos países sobre otros ha sido -y sigue siendo- brutalmente evidente en el continente africano, al que Kapuściński viajó por primera vez en 1958 y del que nunca dejó de aprender desde entonces. Ha escrito mucho sobre África y los efectos del colonialismo en su población, fenómeno en detrimento por aquella época a favor de los movimientos por la independencia, a los que asistió el periodista: “He sido uno de los testigos de este fenomenal acontecimiento, que nunca antes había ocurrido en la historia de la humanidad, y que nunca volverá a repetirse. Todas mis obras están dedicadas a esta excepcional experiencia humana.” Kapuściński fue testigo de los triunfos del movimiento independentista, como el nacimiento dela Organización parala Unidad Africana, pero también observador desolado de la lucha encarnada entre naciones, como la sufrida por el Congo, o de los efectos perversos de la independencia, cuando los nuevos gobernantes africanos sustituyeron a los viejos blancos, reproduciendo los mismos patrones de abusos de poder y privilegios.

 

Kapuściński, en este afán por concienciar a Occidente de que “hay espacio para todos y nadie tiene más derecho de ciudadanía que los demás”, fue transmitiendo sus vivencias a través de sus artículos y libros: El Emperador, Ébano, Another day of Life, El Sha, La guerra del fútbol… Algunos de los estos libros son comentados por el propio autor en Los cínicos no sirven para este oficio, en la serie de textos que lo conforman y que resultaron de varios eventos en Italia: un encuentro con periodistas y una entrevista realizada por Andrea Semplici, ambas citas de 1999, y una conversación con el escritor y crítico de arte John Berger en 1994. De las palabras de Ryszard Kapuściński en esta serie de charlas, más una laudatoria y profunda introducción de la mano de Nadotti, se podría elaborar una sabia lista de consejos para cualquier periodista, lo más parecido a un manual de periodismo que Kapuściński haya podido escribir, y que ofrecen la garantía de años de experiencia y trabajo.

          Ante todo, ser buenos seres humanos. No ser cínico; el cinismo es una actitud inhumana, que nos aleja de nuestro oficio.

          Sólo cumpliendo el primer punto se puede tener empatía: comprender al otro. Para hacer periodismo, también hay que tener nociones de psicología.

          Los otros son el centro de la historia, la fuente de nuestro conocimiento. Todo buen reportaje es un reportaje colectivo.

          Renunciar a los discutibles y narcisistas beneficios de la hipervisibilidad a favor de las útiles ventajas del anonimato.

          Contar una historia de individuos, anti-ideológica, nunca tendenciosa, pero nunca indiferente. Hay que tener una intención, querer provocar un cambio.

          Para contar esa historia, colocarse en el centro de la escena para pasar de lo particular a lo general: dentro de una gota hay un universo entero.

          Tener la capacidad de observación y el talento de la escucha.

          El periodismo es investigar y descubrir el mundo contemporáneo: hay que estar en constante estudio y conocimiento.

          Ser curioso y ¡enterarse de todo!

          Ofrecer en las historias, además de la descripción de un acontecimiento, la explicación: las causas y los precedentes. Buscar que el lector tenga mayor comprensión.

          Estar dispuesto al sacrificio, a la dedicación las veinticuatro horas al periodismo. No tener miedo. Resistencia y paciencia.

          No buscar acumular dinero ejerciendo de periodista.

          La revolución digital no ocupa el lugar del trabajo periodístico.

Un último apunte de este manual de periodismo también tiene que ver con la problemática de la comprensión, que todo periodista debe tener omnipresente.  Kapuściński saca punta al asunto hacia el final de Los cínicos no sirven para este oficio, en su conversación con John Berger, llegando a afirmar que “el acto de creación es una conquista colectiva.” En esto el crítico de arte no puede dejar de estar de acuerdo porque toda manifestación artística, según diría cualquier artista y crítico de arte hoy día, se realiza en el ojo y la mente del receptor y toma vida propia. Por tanto, una última advertencia de Kapuściński: quien decide si eres buen periodista o no es el lector, nadie más.

Ursula Neilson


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