Ensayo sobre la ceguera

Isabel Rodó Mena

Título: Ensayo sobre la ceguera

Autor: José Saramago

Lugar de edición: Madrid

Año de edición: 2002

Editorial:  Círculo de Lectores

“Por qué nos hemos quedado ciegos, No lo sé, quizás un día lleguemos a saber la razón, Quieres que te diga lo que estoy pensando, Dime, Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven.”

No podría haberme encontrado con algo más diferente a lo esperado al pasar las páginas de “Ensayo sobre la ceguera”. El título hace que el libro se adivine como una suerte de obra científica en la que José Saramago, con un lenguaje denso y finalidad didáctica, nos hablaría de la ceguera, de sus posibles causas, de sus síntomas, de las consecuencias que de ella se derivan. Nada más lejos de la realidad. Es, pese a lo que a simple vista pueda parecer, la historia de una epidemia mundial que sufre nuestro planeta, algunos lo llaman la ceguera blanca. Se trata, en realidad, de un mal con el que convivimos a diario. Ojos que, hartos de centrarse en nosotros mismos, acaban por volverse hacia dentro convertidos en una esfera blanca, vacía e inútil.

Sin embargo, no se afana Saramago en avasallarnos con consejos de vida y enseñanzas morales. Siguiendo la metáfora que se inicia en el título y que impregna cada uno de los capítulos de la novela, narra con extrema crudeza la destrucción del mundo a medida que la ceguera blanca se extiende entre los seres humanos, trata de evidenciar lo inútil de unos ojos que ya dejaron de ver.

Como en toda novela, en ésta no podían faltar personajes que lograran la implicación de nuestros sentimientos. La ceguera blanca es una epidemia mundial que se contagia a una velocidad pasmosa y que afecta cada vez a un mayor número de organismos. No obstante, los primeros en quedarse ciegos son los elegidos por el autor para guiarnos a través de los hechos. Se trata de un grupo de personas: un médico, su mujer y algunos de sus pacientes que, bajo órdenes expresas del Gobierno y junto a centenares de contagiados, se ven obligados a cumplir estricta cuarentena. Encerrados en un manicomio abandonado bajo amenaza de muerte ante cualquier intento de fuga, han de arreglárselas si pretenden sobrevivir en un mundo dominado por el caos más absoluto. Las condiciones de higiene, salud y alimentación son infrahumanas. El trato por parte de los soldados que vigilan el manicomio y la satisfacción de necesidades básicas que prometía el Gobierno son, si cabe, más penosos. Todo esto sin olvidar las limitaciones que la falta de visión trae consigo. La incertidumbre en la que viven, sin recibir ninguna noticia de fuera, es aprovechada por Saramago para captar al lector hasta la última página del libro. Tampoco nosotros sabemos lo que ocurre al otro lado de los muros del manicomio. Solo cuando los ciegos logran salir al exterior asiste también el lector al derrumbamiento de los cimientos de nuestra civilización.

Tal vez haciendo un guiño al título, llama la atención cómo Saramago juega con las distintas formas de escribir. Algunos fragmentos del libro se caracterizan por tener un estilo denso y académico, más propio de un ensayo que de una novela, sin apenas diálogo entre los personajes, empleando palabras técnicas en el relato de las acciones, pensamientos o descripciones. Éstos aparecen intercalados con otros en los que el autor emplea un estilo más literario haciendo gala de una fina ironía para hacernos partícipes de lo que es, a su entender, el destino irrevocable de nuestra sociedad.

Advertisements

Deixar un comentario

Arquivado en Uncategorized

Deixar unha resposta

Please log in using one of these methods to post your comment:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s