“Fume” de Antón Fortes

Autor: Antón Fortes

Título: Fume

Ilustraciones de Joanna Concejo

Editorial: Col. Qontextos. OQO Editora.

Año de edición: 2008

Lugar de edición: Pontevedra

Es fácil encontrar libros infantiles donde la ilustración juega un papel fundamental. Los dibujos atrapan a los niños con sus formas, colores y su belleza extraordinaria. Pero esto es diferente. Esta imagen es extraordinaria por su contenido, pero no es bella, sino todo lo contrario. En ella hay una historia terrible, dura, muy dura. Hablo de hambre, tristeza, masacre, horror. Aquí la infancia está ensombrecida no solo por los trazos y los colores del dibujo, sino por la injusticia.

La portada es espectacular. Un traje de un niño viste unas ramas que ejercen de cuerpo ante la ausencia del mismo. Hay traje pero no hay persona. La persona ha desparecido y lo ha hecho desnuda.  En el interior, la primera ilustración es igual de inquietante. Un montón de gente en fila esperando para coger un tren. Unos pájaros con cabeza de humanos sobrevuelan el terreno observando fijamente cada movimiento. Son como águilas vigilantes. Fortes escribe: los soldados vigilan. Abajo  las familias esperan. En una fila las madres y los niños, en otra los padres. Ninguno de los personajes nos mira. Entre ellos sí lo hacen. Pero esas miradas son tristes, apagadas, parece una despedida. Ya en el destino, las madres y los niños aparecen vestidos con camisones y ropas iguales. Es el temible pijama de rayas. El pelo corto. El cuerpo se presenta escuálido con el paso de los días.

El color aparece en pequeñas ocasiones para retratar felicidad, la que recuerdan de antes de que comenzara el horror. La vida allí es dura. El trueque de comida por otro objeto es habitual. Los platos aparecen boca abajo, esta vez no ha podido ser. Una quemadura obliga a tomar decisiones de las de obligado cumplimiento y de las que uno no se arrepiente nunca. Pero el cuerpo se resiente sin la ración diaria.

Los niños van perdiendo su identidad poco a poco, por ello a medida que avanzamos los niños comienzan a ser retratarlos sin cabeza o  de espaldas a nosotros. No hace falta ponerles cara para comprender el horror que están viviendo. De vez en cuando, los recuerdos bonitos asaltan sus pensamientos y  devienen en pequeños detalles en la ilustración: el azul en pequeñas dosis para recordar la habitación celeste, unos barcos de papel sobre unos calderos que recuerdan aquellos juegos perdidos, aquella infancia oculta. Pero a medida que avanzamos el relato se recrudece. Unas patatas aparecen mezcladas con cabezas de niños sin cuerpo. Fortes las describe como patatas duras. Así estarán sus cuerpos al día siguiente cuando acudan a la batalla final de la que saldrán perdedores. Irán como ellos dicen a “la casa de la chimenea”. Unos trajes aparecen sin cuerpo. Están encarcelados en unas redes de las que nunca pudieron salir. Algunos tienen todavía piernas, pero pronto desaparecerán quedando tan solo cenizas. Se acerca el momento, los niños ya van hacia allí. La imagen es estremecedora. Ya están desnudos, son como maniquís sin brazos ni cabeza. El final está cerca. La oscuridad aparece y sobre ella dos niños de azul: siempre con la esperanza hasta el final. Se dan la mano. Sale humo. Esta vez no ha podido ser.

LORENA SIXTO VALIÑO

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