¿Por qué tanta maldad?

Título: EL EFECTO LUCIFER: EL PORQUE DE LA MALDAD
Autor: PHILIP ZIMBARDO
Editorial: PAIDOS IBERICA
Año de edición: 2008
 

El efecto Luciifer: Entendiendo cómo la gente buena se vuelve mala

Cuenta la Biblia que Lucifer era el ángel favorito de Dios. El más bello, el más poderoso, el más querido. En su soberbia y ambición desafió la autoridad del mismísimo Dios y fue condenado a los abismos para dirigir el Infierno. Y el ángel más esplendoroso se convirtió en la bestia más temible, se convirtió en Satanás.

Noticias de crueldad y odio aparecen a diario en los medios de comunicación y es que, dada la influencia apropiada, casi cualquier persona puede abandonar su moral y colaborar en la violencia y la opresión. Sea por acción directa o inacción, la gran mayoría sucumbe ante su lado oscuro cuando se da un ambiente influyente: un líder que no nos atrevemos a contradecir, un grupo al que queremos pertenecer, un poder que nos consume la razón… Los mejores de nosotros podemos ser llevados a cometer maldades bajo  circunstancias sociales adecuadas.

En el entorno, en la costumbre, bajo presión y queriendo ser parte de la red social, los límites pierden forma y todo santo puede volverse demonio. Quien dude de esto solo necesita recordar la última vez que se desvivió por ser aceptado en un grupo. Quizás no haya cometido maldades, pero sin dudas ha ido contra sí mismo en algún u otro momento por el simple hecho de pertenecer.

En enero de 2004 empezaron a emitirse en  los medios de comunicación extremas violaciones de los derechos humanos llevadas a cabo por los guardias de la prisión de Abu Ghraib durante el año 2003. Los guardias deshumanizaron, humillaron y abusaron de los prisioneros iraquíes de formas horrorosas. El autor de esta novela-reportaje, el psicólogo Philip Zimbardo presenció las cintas de vigilancia de vídeo y audio de la prisión y encontró numerosas similitudes entre lo que vio y un experimento realizado por él mismo en 1971 en  la Universidad de Stanford.  En este experimento, diferentes estudiantes universitarios, voluntarios y de clase media fueron analizados para comprobar su estabilidad psicológica, física y emocional. Los estudiantes fueron asignados como prisioneros o guardias al azar y confinados a una prisión montada en el subsuelo de la universidad. El proyecto, planeado para durar dos semanas, fue cancelado a los 6 días por haberse vuelto demasiado real para los participantes. Los prisioneros se volvieron sumisos y depresivos, mientras que los guardias se volvieron sádicos y abusadores.

Zimbardo describe en el libro cómo los guardias de Abu Ghraib estaban influenciados por actitudes permisivas de sus superiores, en un ambiente de constantes bombardeos y turnos de trabajo de doce horas durante cuarenta días seguidos. Además, ninguno de estos guardias tenía un entrenamiento adecuado en la labor, sino que eran reservistas que ni siquiera estaban adiestrados para estar en zona de combate, donde no existe jerarquía y, por ello, los que tienen la posibilidad quieren demostrar su capacidad de llevar a cabo una labor que supera su rango. Siendo la forma más directa de hacerlo la de aplicar su superioridad en alguien inferior. En este caso, los prisioneros.

El psicólogo destaca también que los guardias de Abu Ghraib debieron enfrentarse a un aumento de prisioneros de doscientos a mil en solo tres meses, entre los cuales había personas mentalmente enfermas o con tuberculosis. Además,  la única respuesta que tuvieron de sus superiores para enfrentar la situación fue “Es una zona de guerra. Hagan lo que sea que tengan que hacer”.

Los males del mundo son responsabilidad de todos

Más allá de la propia responsabilidad de los que no son suficientemente fuertes para hacer valer su opinión o defender sus valores, Zimbardo destaca cómo los males del mundo son responsabilidad de todos. ¿Cómo responde uno a una situación que se le va de las manos? ¿Cuándo deja de ser importante la otra persona, cuándo deja de ser humano? Toda nuestra bondad puede esfumarse en un momento al perder perspectiva. Si en un parque una persona es atacada por un animal, protegerá su vida por instinto. Si dispone de algún poder sobre el animal, como un  arma, le disparará. Y no por ello habrá sido malvado, ya que estaba defendiendo su vida. Cuando humanizamos el entorno y nos sentimos amenazados, respondemos de la misma forma, pero al haber humanos en el medio y una rutina en el proceso, nos volvemos malvados.

El secreto para evitar caer en el lado oscuro es ser nosotros mismos, hacer valer nuestra individualidad como seres humanos, mantener el poder de negarse a las órdenes cuando estas contradicen nuestros principios. En resumen, el coraje de ser marginado por defender nuestra moral. Sólo así una persona buena, puede evitar la maldad que anida en su naturaleza.

Javier Millos

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