“WikiLeaks y Assange” de D. Leigh y Luke Harding

Título: WikiLeaks y Assange: un relato de cómo se fraguó la mayor filtración de la historia.

Autores: David Leigh y Luke Harding

“David Leigh y Luke Harding, periodistas de The Guardian, las primeras personas a quienes Julian Assange entregó los documentos secretos, nos cuentan los entresijos de la historia. Pero ¿quién es Assange?, ¿se trata de un mesías de la transparencia política o de un ciberterrorista al que hay que perseguir? Los autores nos revelan, con todo detalle, la vida de este enigmático personaje; su infancia en Australia, sus primeras actividades en grupos clandestinos de hackers, el nacimiento de WikiLeaks y los presuntos delitos sexuales que cometió en Suecia.”

Datos: Ediciones Deusto, 1ª edición: abril de 2011.

El extraño australiano, como lo denominan los periodistas de The Guardian, pocas veces utilizaba su nombre real para sus actividades. Incluso en su juventud, mientras vivía en su Australia natal, Julian Assange cambiaba de alias según le convenía. Se registró como Harry Harrison en OKCupid, una web de citas, asegurando ser un hombre de treinta y seis años, de 1,90 m de estatura y un <<87 por ciento putilla>>. <<¿Buscas un chico normal, […]? Pues sigue buscando. No soy el androide que estás buscando>>. Afirmaba que dirigía un <<proyecto de derechos humanos absorbente y peligroso>>. Si se refería a WikiLeaks, era una de las pocas cosas ciertas que “Harry” describía en su perfil.

Alan Rusbridger, director de The Guardian, comenzó a recibir e-mails frecuentes de una organización que se hacía llamar WikiLeaks, dirigida por un desconocido Julian Assange. A veces, estos correos hasta ofrecían alguna noticia interesante. Como el mismo Rusbridger reconoce, en los e-mails de WikiLeaks <<había algo que llamaba la atención>>. Durante algunos meses, The Guardian fue el único periódico que habló de la organización  o que utilizó alguno de sus documentos. Sin saberlo, el diario londinense se estaba colocando en una posición privilegiada para lo que vendría un tiempo más tarde, aunque, por supuesto, la propia actitud de los profesionales de este medio fue lo que hizo posible la mayor filtración de nuestro tiempo.

Si Dentro de WikiLeaks, de Daniel Domscheit-Berg, se mostraba cómo era el funcionamiento interno de la organización, WikiLeaks y Assange describe paso a paso el origen, evolución y consumación de la colaboración de los principales medios impresos del mundo y la organización que destapó los infiernos de Afganistán e Irak.

Es una crónica, un relato extremadamente detallado de los antecedentes, los hechos y las consecuencias de la publicación de los diarios de guerra y de los cables diplomáticos estadounidenses. Es en parte una historia de espías y en parte un manual del buen periodismo de investigación; con un mensaje principal: un periodista debe fiarse de sus instintos. El periodista de investigación Nick Davies tuvo <<la sensación de aquélla era la noticia más importante del planeta>> justo después de leer en The Guardian la noticia de que las autoridades estadounidenses buscaban a Julian Assange para impedir que publicase una serie de documentos diplomáticos sobre los dirigentes de Oriente Medio que eran <<potencialmente muy embarazosos>>.

Ese instinto profesional, esa ambición, llevó a preguntarse a Davies si The Guardian podría hacerse con una copia de esos documentos. Archivos que detallaban <<turbias operaciones diplomáticas, crímenes de guerra en Afganistán e Irak>>. Davies estaba excitado; decía que era <<obvio que allí había una noticia mucho mayor>>. Un estado de ánimo que se juntaba a la sorpresa que le producía el hecho de que nadie más en toda la prensa británica se hubiese parado a pensar en ello. Puede que este sea otro mensaje del libro: ver la conformidad de la mayoría de los medios con las informaciones oficiales y la pérdida de la pasión por la profesión que tantas buenas historias había producido en el siglo XX.

Este es el punto de partida de una serie de contactos y reuniones clandestinas entre periodistas y miembros de WikiLeaks. La historia se divide en dos partes entrelazadas: los contactos con la organización y la coordinación con los otros medios participantes en la publicación. En este último punto asistimos a la lucha de los periódicos por mantener la exclusividad de las historias y cómo, cuando la convivencia es necesaria, se gestionan cinco medios de diferentes partes del planeta. Alan Rusbridger dijo que << era lo más complicado que habíamos [The Guardian] hecho nunca, coordinar un matutino español [El País] con un vespertino francés [Le Monde], con un semanario alemán [Der Spiegel], con un periódico estadounidense [The New York Times], en una zona horaria diferente, y con un puñado de anarquistas metidos en un búnker [WikiLeaks] que sólo se comunicaba vía Jabber>>. Por que en esta situación las condiciones de WikiLeaks se antepusieron a los intereses de The Guardian. El periódico deseaba la exclusiva, argumentando que la inversión y el esfuerzo que ellos habían dedicado a la organización lo justificaba. Pero WikiLeaks defendía la inclusión de más socios razonando que la participación de un medio estadounidense evitaría que la publicación de los documentos fuese considerada una acción anti americana. El País y Le Monde ayudarían a que la difusión geográfica de la publicación fuera aún mayor, llegando a todos los países de habla hispana y francesa.

WikiLeaks y Assange podría ser una lectura obligada para cualquier periodista de investigación. Muestra perfectamente el trabajo y los riesgos de manejar material delicado para los gobiernos pero interesante para el público. Un ejercicio de reflexión sobre cuando un medio puede o incluso debe hacer pública una historia.

<<En aquel intervalo de once meses, Assange se había vuelto viral y acababa de ayudar a orquestar la mayor filtración de la historia mundial. La única diferencia era que, esta vez, la vergüenza no iba para una pobre nación de África orienta, sino para el país más poderoso de la tierra>>

Alan Rusbridger, director de The Guardian

 

Miguel Pérez Pérez

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