ESA OTRA FORMA DE PINTAR UN AUTORRETRATO

BORDELOIS, Ivonne. El País Que Nos Habla.  2005, Ed. Sudamericana.

En este libro, Ivonne Bordelois define la situación de Argentina como país lingüístico y, así mismo, define la lengua de una forma peculiar.

La lengua como reflejo de quienes somos, y de cómo nos tratamos a nosotros mismos. como instrumento irremplazable de autoestima.

Como nuestro particular retrato de Dorian Gray, donde salen a la luz nuestros valores y nuestras certezas; a veces también nuestros vicios y virtudes.  La herramienta con la que un político (o, a veces, su mujer) tira por la borda su carrera o se gana el cariño de todo un país.

El lenguaje, como una cualidad llena de virtudes y defectos, poderes y debilidades que lo caracterizan, que, pese a sonar utópica, nos proporciona el terreno y la esperanza de un proyecto más practicable que los que otorgan las circunstancias políticas, las estadísticas de la deuda o los avatares del riesgo del país.

Plantea, además, un debate muy trasladable a nuestro “donde” y a nuestro “cuando”, un debate que hace del texto un ensayo universal, que nos hace responsables en términos vitales, y no retóricos, de catástrofes económicas y morales. Responsables en cuanto al cuidado por nuestro lenguaje y su validez.

Porque la lengua, nuestra forma de utilizarla, no se puede acotar ni definir su porvenir. Es la ciudadanía quien tiene, nunca mejor dicho, la última palabra a este respecto. Somos cada uno de nosotros quienes dictamos su futuro, y su presente.

La sensación en ocasiones de que todo está manchado por la corrupción, la impunidad, la estafa, es difícil de soportar.

Debemos asumir que en ese territorio propio que es el lenguaje, se sostiene quizás una de esas últimas señas de identidad honestas, fieles e inamovibles. Y, en todo caso, la amenaza de la que pueda ser víctima es una que sí podemos confrontar. Porque siempre que se ve amenazada nosotros podemos, debemos resucitarla. Debemos enfrentar el deterioro de la lengua y restaurar su luminosidad, que será también la nuestra –como individuos y como ciudadanos.

Y es que la falta de palabra define al ciudadano pasivo, al sometido inalterable a las leyes impuestas por gobierno, los medios y los merados.

El lenguaje es más que un instrumento de comunicación.

Es, por un lado, herramienta de conciencia crítica, de despertar social, la forma más poderosa de identidad comunitaria.

Es un camino hacia lo más profundo e íntimo de nosotros. De los últimos bienes inalienables que siempre espera, paciente, que acudamos en su rescate.

 Iria Pérez Gestal

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