La sirena de los suicidios

Título: La Bella Otero

Editorial: Planeta SA
Lugar y año de publicación: Barcelona, año 2001

Seguramente muy pocos sepan que una de las mayores figuras que caracterizaron la Belle Époque de Francia, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, fuese gallega. Carolina Otero, cuyo verdadero nombre era Agustina, fue una cortesana que amasó una auténtica fortuna conquistando los corazones de media Europa. Aunque ella afirmaba ser realmente bailarina y cantante, tras su debut artístico en un teatro de Nueva York, un crítico llego a afirmar:“ He visto cantar a la Bella Otero y la he oído bailar´´.

Y es que lo que realmente tenía, según aquellos que la deseaban, era una sensualidad feroz unida a una belleza peculiar que se ajustaba perfectamente a los cánones de aquella

época( aunque dichos cánones no coincidirían seguramente con los que seguimos hoy en día). Esta belleza y sensualidad, junto al exotismo de su inventado origen gitano y andaluz; la llevó la cama de todos los magnates, artistas, nobles y famosos que pudiesen costear sus servicios, eso sí, ella siempre tenía la última palabra; su fortuna era tal, que muchas veces rechazaba cantidades ingentes de dinero si el pretendiente no era de su agrado.

José Martí le dedicó su mejor poema, y el gran escritor Maurice Proust llegó a crear un personaje inspirándose en ella. Además, por su cama pasaron,nada más y nada menos, que seis miembros de diferentes casa reales, cinco de ellos jefes de estado: El príncipe de Gales Eduardo VII, Alfonso XII, Leopoldo de Bélgica, el Káiser Guillermo, el zar Nicolás II( al que calificó de mal amante, añadiendo después la pena que sintió por su destino tras la revolución bolchevique) y Alberto I de Mónaco, que la amó con locura. Sin mencionar otros personajes que llaman la atención; como el propio Rasputín, y varios multimillonarios americanos y rusos que llegaron a regalarle joyas, barcos y mansiones.

Su temperamento feroz y sus aires despreocupados fascinaban a todos los hombres, poco acostumbrados a un comportamiento tan poco“refinado´´. Pero ella siempre les negó el matrimonio y la fidelidad, para desesperación de su numerosos amantes, siete de los cuales prefirieron quitarse la vida antes que vivir sin ella. Este hecho le hizo valerse el sobrenombre de “la princesa de los suicidios´´ y agrandó aún más su leyenda.

Existen incluso leyendas urbanas, de que un multimillonario la invitó a cenar con una cantidad exagerada de ostras, y que cada vez que abría una se encontraba una perla. Así, hasta confeccionar un collar de perlas de cuatro kilos. Y es que una de sus grandes pasiones eran las joyas, llegó a gastarse tranquilamente miles y miles de millones de francos en joyas. Y a cubrir con pedrería y diamantes sus vestidos. Sin duda fue una de las mujeres más ricas del mundo en aquellos años.

Pero terminó arruinada y sola en una habitación de una pensión en Niza, donde murió en 1965. Su verdadero amor, el juego, le llevó a empeñar sus joyas y su dinero y, en definitiva, a perder millones de francos al mes, con la consecuente ruina. Algo que parecía imposible, una fortuna de tal magnitud, fue devorada por su adicción al juego. De hecho, y cada año hasta su muerte, el casino de Montecarlo la invitaba a dos noches y unas cuantas fichas, como agradecimiento por la ingente fortuna que perdió allí.

Aunque las leyendas también continuaron con su desaparición; dicen que cuando cumplió 46 años, y su cuerpo comenzó a notar los estragos de la edad, la Bella Otero decidió huir sin decir nada, para que nadie pudiese verla envejecer. De hecho, y esto es cierto, nunca concedió casi entrevistas en su vejez y apenas se dejaba fotografiar, de algún modo, quería mantener viva su propia leyenda.

Este libro de Carmen Posadas, alterna ingeniosamente la historia narrada desde los ojos de Carolina Otero, y la voz de la autora, que pone orden y desenmascara las innumerables patrañas con las que la Bella Otero engañó a sus biógrafos y toda una sociedad. Natural de Valga, justo al lado de Pontevedra, hija de una mendiga y un costurero, llegó a decir que su madre era una gitana andaluza llamada Carmencita, y su padre un oficial griego y jugador. Estas mentiras no estaban motivadas por la vergüenza hacia sus orígenes, simplemente eran un empujón profesional, vendió su vida de la forma que más le convenía para ascender y codearse con las altas esferas de la sociedad.

Es, en definitiva, una historia apasionante de como una prostituta gallega y analfabeta, llegó a ser la mujer más rica e influyente de Europa.

Jacobo Molina Martínez-Risco

 

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