Nunca un título fue tan acertado

   Título: Relatos de lo inesperado

   Autor: Roald Dahl

   Editorial: Anagrama

   Año de edición:2004

   Lugar de edición: Barcelona

 Cuál fue mi sorpresa al enterarme de que uno de mis escritores favoritos de la infancia también había escrito literatura para adultos. El escritor que hizo que pasara largas tardes de lluvia leyendo y releyendo cómo Charlie intentaba ganar un billete dorado para visitar la Fábrica de Willy Wonka; cómo Matilda descubría que podía mover objetos con la mente y conseguía hacer toda una revolución en su colegio; recordar lo mal que se portaba Jorge al darle una pócima un tanto estrambótica a su abuela enferma y cómo las Brujas transformaban al  héroe del cuento en un simple ratón. Sí, Roald Dahl marcó muchas infancias con su humor macabro. Porque si hay algo que caracterice sin lugar a dudas a este hombre, es su brillante y agudo humor negro. Leyendo “Relatos de lo inesperado” he recordado marcas personales de autor que pueden ser comparadas en sus dos tipos de literatura: la infantil y la dedicada a los ya no tan niños.

En primer lugar, ese empleo de la caricaturización de los personajes. Nunca son bellos pues reflejan una realidad exageradamente macabra, consiguiendo que el lector pueda hacerse una recreación exacta de la cara de aquel que cae en manos del escritor. En una de las historias, titulada “Gastrónomos” dice así: “Todo era boca- boca y labios-, esos labios gruesos y húmedos del sibarita profesional, con el labio inferior más saliente en el centro, un labio colgante y permanentemente abierto con el fin de recibir más fácilmente la comida y la bebida. Como un embudo, pensé yo, su boca es un embudo grande y húmedo.” Dahl retrata de esta manera tan grotesca a uno de sus personajes, característica que me recuerda a cuando define a los niños que están en la fábrica de Willy Wonka como “una panda de niños gordos y caprichosos”.

Otro factor semejante que he podido encontrar es la intriga que permanece en cada historia hasta el final. Son historias breves, que te atrapan hasta, y no es un decir, la última frase. Historias que cambian totalmente su curso, solamente en la última frase. De ahí el título de este artículo, pues nunca un libro pudo regirse tanto por lo inesperado. Un ejemplo muy certero para reflejar esta característica se puede encontrar en la historia titulada “Lady Turton”. Sin duda, el lector piensa que Mr. Turton sacará a su mujer de la estatua en  la que se encuentra atrapada con la ayuda de un hacha, y la angustia de que suceda algo trágico es inmensa; pero en el último momento, el certero cambio de emplear otro instrumento permite volver a echar el aire que estaba encogido en los pulmones del lector.

Quizás también sea importante destacar que la mayoría de estos relatos tratan de relaciones poco satisfactorias entre maridos y mujeres.  Uno de los dos miembros de la pareja ejerce su dominio sobre el otro hasta que, llegado el momento, el más débil se revuelve y toma el control de la situación. Es el caso de “Cordero asado”, la mujer descubre algo de su marido que le horroriza de tal forma que, con toda la sangre fría que se puede tener en el momento, mata a su cónyuge con lo mismo que utilizaría luego para hacer de cena: una pata de cordero congelada.

La inverosimilitud de los hechos, la sorpresa final y la gran y concienzuda información sobre vinos, escultura, música e información sobre el cuerpo humano que envuelven cada historia, hacen que sean los ingredientes  “dahlianos” más perfectos para engancharte en sus relatos. Siguiendo la mayoría de las veces un yo-protagonista,  “Relato de lo inesperado” cuenta las historias más perversas e ingeniosas que Roald Dahl podía haber creado. Apuestas realizadas por dementes que le pierden los dedos ajenos; científicos que permiten que los muertos sigan viviendo metiendo sus cerebros en una cubileta; tatuajes en las espaldas tan valiosos que la gente mataría por ellos; trampas en las habitaciones ajenas que revelan la identidad de parejas que parecen ser lo contrario; y mucho, pero que mucho ocio y vicio ( juegos de cartas, apuestas, tabaco , alcohol) reflejo de una sociedad que no es ni de lejos, perfecta.

Sandra Rego Rey

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